Elegantes libertinas: Madame Bovary y Anna Karenina

  • Desde una lectura muy personal, Cristina Mirete compara la vida de las dos grandes “pecadoras” de la literatura universal. 

De Fernando Pessoa, destacaría su predilección por los heterónimos. Los heterónimos son personalidades poéticas completas. Identidades, en principio falsas, que se vuelven verdaderas. Pessoa fue todos y cada uno de los nombres que creó, y yo soy todas y cada una de las mujeres valerosas y sufridoras que leo.

Si quisiera vivir una vida literaria e imaginada me refugiaría tras los apellidos Bovary y Karénina. Porque Madame Bovary soy yo, Anna Karénina soy yo. Porque la pasión, el adulterio y el destino constituyen elementos vibrantes que no me quiero perder. Sin más opciones, tuve que aliarme con ellas, pues nos une un enemigo común, la rutina.

Sin más opciones, tuve que aliarme con ellas, pues nos une un enemigo común, la rutina.

Sin embargo, Anna dejó de ser Anna cuando casada con el señor Karenin, adoptó el apellido de su esposo. Lo mismo le ocurrió a Madame Bovary. Emma nos era presentada bajo el apellido Rouault, pero una vez convertida en la señora de Charles Bovary, más que dejar de ser ella, fue una mujer perdida y sin identidad. Quiero hablar de Madame Bovary y Anna Karénina, dos clásicos coetáneos, que se rebelan diferentes para rozar el escándalo.

Greta Garbo da vida a Anna Karenina en el film de Clarence Brown (1935).

No voy a juzgar a estas dos mujeres por su incapacidad de guardar fidelidad a unos apellidos en cierta manera impuestos. Yo misma no tengo la certeza de saber a quién soy fiel ni a qué cosas les soy fiel. Tal vez sí haya una cosa, y esa cosa sea la literatura, aunque por puro instinto de supervivencia. La vida vivida ha de ser adornada con secuencias de la vida soñada. La vida vivida, en ocasiones sin pretenderlo, ha de afrontarse con pasajes de la vida literaria.

Monotonía y carencia de amor conducen a estas mujeres a refugiarse en la lectura. Y es aquí donde aparece el elemento quijotesco, pues la pasión desmedida por los libros alimentará unas fantasías que, al no verse realizadas, las instalarán en la más absoluta angustia.

En eso consiste el objetivo de la civilización: convertirlo todo en motivo de placer.

Anna Karenina. León Tolstói

Emma se deleita con relatos románticos que la llevan a soñar con París y sus bailes; con una vida alejada de su aldea. Anna, rodeada de la alta burguesía moscovita, sueña con personajes más heroicos que su previsible y formal marido.

Otra vez el amor

Me pregunto qué empujó a Gustave Flaubert y León Tólstoi a encontrar tan seductora la idea de escribir sobre la infidelidad. Resulta divertido imaginar a ambos novelistas compartiendo una charla al respecto. Por supuesto esa conversación tendría lugar en francés. Todo suena mejor en francés. Hablarían sobre matrimonios infelices que provocan en las mujeres la caída de éstas en un affaire que únicamente les deparará desgracias. Se referirían por supuesto al affaire porque la gelidez del ruso le resta cuanto menos, erotismo a la situación.

Y en esas circunstancias se presentarían estos eruditos caballeros de la mano de sus personajes y convertirían al adulterio, en uno de los temas más recurrentes de la novela realista del siglo XIX. ¿Nos plantean estos dos autores que somos exclusivamente felices a través del amor?

Vronski harto de Anna, exclamaba: “¡Dios mío! Otra vez el amor”.

En la conversación divagarían sobre la insatisfacción romántica. La mujer aburrida necesitada de nuevos estímulos y emociones, la mujer que clama por sentirse vivaEllos las han visto, las han conocido, han leído en sus ojos el deseo de vivir de forma libre e intensa. Tras un fructífero encuentro, se darían un apretón de manos, se desearían suerte y se pondrían a la tarea de crear a las “pecadoras” más célebres de la literatura. Anna Karénina era publicada por León Tolstói en 1877, después de la Madame Bovary de Gustave Flaubert, que vería la luz en 1857. Porque todo suena mejor en francés, Emma era la que primero debía darse a conocer.

El desasosiego que sintieron Emma y Anna, también lo siento hoy yo. También lo has sentido tú.

Anna y Emma, o el estado de dependencia de los corazones apasionados. El desasosiego que sintieron Emma y Anna, también lo siento hoy yo. También lo has sentido tú.

En 1949 Vincente Minnelli llevó a la gran pantalla Madame Bovary, interpretada por Jennifer Jones.
Heroínas o villanas

Emma cree dar un paso decisivo en su vida al casarse con un doctor provinciano, pero se va a topar con la realidad y su idea de llevar una vida feliz no será tal y como la había soñado. Decepcionada, busca consuelo en productos caros y la felicidad en los brazos de jóvenes amantes.

“No le gustaba el mar sino por sus tempestades y el verdor sólo cuando aparecía salpicado entre ruinas. Necesitaba sacar de las cosas una especie de provecho personal; y rechazaba como inútil todo aquello que no contribuía al consuelo inmediato de su corazón, pues, siendo de temperamento más sentimental que artístico, buscaba emociones y no paisajes”. 

Lucha desde el principio por alcanzar su derecho al conocimiento y al placer, pero en el camino se ahogará en deudas y penas de amor, autodestruyéndose.

Flaubert nos habla del tormento provocado por una constante frustración e insatisfacción que existe pese a contar con un amor verdadero y comprensivo. Nos habla del cansancio de la inteligencia como el más aniquilador de los cansancios. Ése que no pesa tanto como el del propio cuerpo, pero que no te deja respirar con el alma.

De la húmeda y lluviosa Normandía que vio cómo Madame Bovary consumía sus días, nos instalamos en el verano escogido por Tólstoi para delatar a su heroína en Anna Karénina y comenzando con el famoso “Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo nos muestra, una fábula sobre la búsqueda de la felicidad.

Rouen, ciudad donde se desarrolla parte de Madam Bovary, vista a través del pincel de Pisarro.

Un día soleado y empieza la carrera. Tan solo unos minutos necesitará Anna para no poder ocultar públicamente su amor por Vronski, despejando las dudas de adulterio a su marido y a media sociedad rusa de mediados del siglo XIX. Se nos presenta un gran cuadro impresionista de la sociedad rusa de mediados de la época, de la sombra del sentimiento de culpa y de la lucha contra un supuesto destino.

Retrato de dama en azul. Madrazo. Museo de Bellas Artes de Bilbao

El mensaje parece claro: el adulterio de la mujer conduce, por unas razones o por otras, a la muerte; ya sea a la muerte física, o a la muerte social, pero a la muerte. Emma Bovary lo hará suicidándose comiendo arsénico en polvo, Anna Karénina arrojándose a las vías del tren. Para evitar una tragedia tal, la mujer debe permanecer en su papel de abnegada esposa y madre entregada.

No podía decepcionar y no cumplir con el tópico español de valorar más lo de fuera que lo nuestro. Caí en la trampa, me eché en los brazos de Flaubert y Tólstoi obviando a Clarín y a su Ana Ozores. A mi manera, tampoco fui capaz de guardar fidelidad.

Quien esté libre de no sentirse devastado sin una razón aparente, que tire la primera piedra. Quien adjetive a las pasiones de ‘inútiles’, que no se frustre por no haber encontrado en este artículo lo que esperaba, pero que sea valiente y lo admita, nos aburrimos de todo.