Julián Maeso, Hammond ibérico

  • Una mezcla de sonidos, estilos e instrumentos dieron lugar a ‘Somewhere, Somehow’ el tercer disco en solitario del artista toledano. Antonio Rodríguez analiza cuidadosamente cada uno de sus elementos.  

Caminando con Fabrizio de André por su célebre “Via del Campo”, el genovés culmina la passeggiata con los siguientes versos: “dai diamanti non nasce niente/dal letame nascono i fior”. Actualmente, los buscadores de diamantes se disfrazan de entrenadores personales del diafragma, de cirujanos que salen triunfadores de sus operaciones o de jueces que dictaminan y sentencian el talento a golpe de pulsador. Entre esta pléyade de vendedores de sueños efímeros, aún encontramos espacio para los agricultores que abonan la música con estiércol esperando a que florezca de algún modo.  

Este es el caso de Julián Maeso, autodidacta y multinstrumentista, cuyo dominio del órgano Hammond, el Wersi Orion, el piano o la melódica lo llevaron a girar con grupos de la escena independiente como The Sunday Drivers, Aurora and The Betrayers o The Sweet Vandals. Además de las teclas, de las que quedó atrapado desde niño tras su primer encuentro con el órgano de la catedral de Toledo al formar parte del coro de la escolanía, domina las cuerdas (guitarras eléctricas y acústicas, bajo y ukelele, entre otros instrumentos) y el ritmo frenético de la batería. Después de una breve experiencia sentándose al teclado de Quique González y M-Clan, decidió que era el momento de buscar su sonido y volar en solitario, a pesar de las dificultades que sabía que iba a encontrarse: “Muchas veces el problema de la música es la industria. La música funciona como la agricultura: quien se queda el dinero es el intermediario, no el que produce y está todo el año preocupado por el huerto” (nomepierdoniuna.net).

Su debut en solitario fueron las diecinueve canciones que conforman Dreams Are Gone (2012), al que le siguió One Way Ticket to Saturn (2014). En ambos álbumes se perciben las influencias de la música norteamericana; desde The Band a Cream, pasando por Van Morrison o Bob Dylan. Pero es en su tercer disco: Somewhere, Somehow, donde el toledano consigue hacer confluir los estilos musicales que le han marcado y donde logra darles su sello propio.

La gira del álbum llevó a Maeso por toda Alemania.
Somewhere, Somehow: Maeso, traductor del sonido americano

Maeso nos llega en este álbum convertido en una especie de Gundisalvo postmoderno, encargado de traducir los sonidos que recorren la cuenca del Misisipi, regada por el jazz, el soul, el funk o el blues; desde donde, según Maeso nacen el resto de géneros: “Del blues parte todo, de los tres acordes. Luego hay variaciones, pero el origen está ahí” (nomepierdoniuna.net).

El álbum lo abre “No Earthly Paradise”, en la que, desde el título, nos pone sobre aviso de por dónde nos va a llevar: “Brothers kill brothers (…) You have sold your souls”. La violencia de la letra se corresponde con una sangrienta línea de bajo y unos trallazos de Hammond, guitarra y coros enraizados en el funk.

Maeso llega en ‘Somewhere, Somehow’ convertido en un Gundisalvo postmoderno, encargado de traducir los sonidos que recorren la cuenca del Misisipi.

Las dos siguientes píldoras que Maeso nos hace saborear son “Riding the Stars Above” y “Long Winter Drama”. La primera, gracias al sonido de los sintetizadores, vientos y batería, nos transporta a un terreno cósmico, nos hace montarnos en las estrellas. Además, la voz de Maeso suena subterránea o como si se prolongara a través de una escafandra. La segunda canción cuenta con uno de los invitados estrella del disco: el maestro Jorge Pardo a la flauta (premio al Mejor Músico de Jazz Europeo en 2013 concedido por la Academia Francesa de Jazz). Con una base de blues clásico, Pardo se adorna y decora de jazz las paredes pentatónicas del toledano de tal forma que la flauta se convierte en “a piece of mind”. La canción pareciera recién horneada en los setenta. Y si hablamos de Hammond y flauta, es inevitable recordar la dupla formada por Ian Anderson y John Evan, aunque las comparaciones son odiosas y más aún si una de las partes se llama Jethro Tull.

Legacy Records estuvo detrás de la producción de ‘Somewhere, Somehow’.

“You Gotta”, el tema que cuenta con la colaboración de Ovidi Tormo (Los Zigarros) y donde la presentación tímida de las guitarras termina por desatarse junto con la batería en una suerte de música electrónica, sirve de puente para uno de los mejores temas del disco: “Before They Leave”. Albert Sanz se sienta al piano junto a Maeso para ofrecernos una copa de jazz y trasladarnos a Chicago, donde “rain it keeps falling” en las alcantarillas del Green Mill, donde la Ley “húmeda” la marca el maestro de ceremonias; un tal Al Capone, quien probablemente cerraría la boca al toledano y le recomendaría que hiciera sonar “Rhapsody in blue” de George Gershwin, la banda sonora de los años 20 en The Hidden Windy City.

En las tres siguientes canciones, Maeso muestra que su ciudad de las tres culturas poco tiene que ver con su Toledo natal. En el folk de “The Road Less Travelled”, nos invita a coger su mano y recorrer “el camino más transitado”, a montarnos en su caravana y viajar desde Nashville a Newport, o directamente a Los Ángeles desde donde nos amenaza la estampida del Buffalo Springfield o la mirada irrisoria de los cuatro jinetes del apocalipsis folky: Crosby, Still, Nash and Young. El soul de “Back to Me, Back to You” nos presenta al Maeso de sus inicios, al más sencillo y directo. Y en el blues rock de “Keep on Striving” pareciera mimetizarse con el Joe Cocker de finales de la década de los sesenta y principios de los setenta, aquel cuyos espasmódicos movimientos están presentes en la retina de cualquier amante de la música rock.

En ‘Keep on Striving’ parece mimetizarse con Joe Cocker, cuyos espasmódicos movimientos están presentes en la retina de cualquier amante de la música rock.

Una rara avis dentro del álbum es el reggae “I Wonder and Wander”. Quizá desentone con el conjunto que conforman el resto de canciones, quizá nos haga salirnos por un momento del encuentro con el sonido estadounidense, pero no hay duda de que pone de manifiesto el potencial de Maeso y el canibalismo musical que se desprende de su obra. Y el principio del tema me hace cruzar las puertas y trasladarme a Alabama, sin ánimo, de nuevo, de caer en comparaciones odiosas.

“Hanging On a Wire” nos muestra al funambulista Maeso haciendo equilibrios sobre la música negra. Los vientos se apoderan de la canción desde el principio. El black soul que lleva dentro el toledano se percibe en las llamadas del mismo y las respuestas de su coro. Y es que Julián Maeso tiene sangre de reyes, los cuales responden a los nombres de Solomon Burke, Sam Cooke y Aretha Franklin. Su padrino, no hay duda, el de todos los souleros: un tal James Brown.

El Green Mill Cocktail de Chicago, ilustrado por
Michael Birawer.

La última canción, “It Can’t Be True”, es la más descarnada, social y desbordante del álbum. Maeso se guarda una bala de siete minutos y medio donde dispara su rabia contra los constructores de fronteras: “Who are we to build frontiers?”. Nos habla de aquello que parece no interesar; el sufrimiento de los refugiados, los caminantes bajo la lluvia, la gente sin futuro ni destino: “Some thousands of bodies floating in the sea/People walking through the rain/You want no future and no destiny”. Sufrimiento, martirio y tortura de la que somos cómplices y culpables: “Our legacy is in you and me/Can’t believe in what I see/It can’t be true, we are too empty?”. El Hammond del toledano alarga sus notas, se mantienen como la angustia de los nadies y los coros se transforman en las llamadas de auxilio de aquellos “que cuestan menos que la bala que los mata”.

Tras haber tejido un disco como Somewhere, Somehow, Maeso se embarcó en una nueva aventura en la cual ha cooperado en Ghana como profesor de música. Recientemente, se publicó el adelanto del que será su cuarto disco, en el que podemos percibir la influencia de la música africana. El aperitivo se llama Kumasi Roads. Algunos ya estamos esperando expectantes para devorar el menú completo.