El ascenso de una palabra

  • Para alcanzar la masiva manifestación del 8 de marzo del pasado año, el feminismo tuvo que sortear una larga historia de lucha y silencio. Cristina Mirete se adentra en ella, desde las fábricas del siglo XIX, pasando por los debates sobre el sufragio femenino en la II República, hasta llegar al color morado que simboliza el movimiento.

Sororidad es un neologismo con el que nos referimos a la solidaridad entre mujeres. Una solidaridad necesaria frente a las diferentes situaciones de discriminación sexual que hemos sufrido y aún experimentamos. Esta palabra plantea una forma especial de apoyo para todas nosotras.

Sororidad procede de soros, “hermana” en latín; la cual ha derivado también en “sororal”. Esta última palabra aparecía ya en diccionarios del siglo XIX como “perteneciente a la hermana”. La Real Academia Española (RAE) presentaba en diciembre de 2018 la palabra “sororidad” como una de las novedades que se podrían encontrar en su diccionario digital.

Sororitat, en catalán, fue elegido neologismo del año en esta lengua en 2018. Cruzamos el océano y llegamos hasta Argentina, donde el término sororidad se afianzó este pasado año. Y si es un término tan utilizado por argentinos, demos a esta palabra la importancia que merece, ¿o no hablan los argentinos maravillosamente bien? Poseedores de toda la retórica habida y por haber a la hora de pronunciar un discurso y conocedores de todos los sinónimos existentes. Si ellos la utilizan tanto, por algo será.

Es urgente liberar a todas las mujeres de la opresión, el miedo y la culpa

Junto a sororidad apareció en 2018 el término, “procrastinar”. Procrastinar es postergación o posposición, es decir, retrasar una actividad o situación que debe atenderse. Es dejar para mañana lo que podría hacerse hoy. Si hay algo que no puede (o mejor dicho no debe) dejarse para mañana, es la desigualdad y la violencia a la que, por el hecho de ser mujer, nos vemos expuestas. Es urgente liberar a todas las mujeres de la opresión, el miedo y la culpa. Estos males no se pueden (deben) procrastinar.

Manifestación por el día de la mujer el 8 de marzo de 2018 en Madrid.

Cuando nos creíamos inventores de algo nuevo, advertimos que esta palabra tan polémica actualmente ya fue utilizada por el escritor Miguel de Unamuno en La Tía Tula (1921). En absoluto se trata de algo nuevo. Lo novedoso es su ascenso (brindemos por ello) y su universalidad.

La solidaridad entre mujeres es una conexión que trasciende la simple amistad. Es la hermandad, el apoyo y la confianza entre nosotras para contribuir con acciones específicas a la consecución del empoderamiento femenino.

La sororidad es una dimensión ética, política y práctica del feminismo. Y quién fue la gran pionera del feminismo, sí, hago uso de la pregunta retórica, hasta ahora no había desplegado ninguna figura literaria, iba siendo hora de enrevesar el relato. Voilà, he aquí la respuesta, el gran nombre que contesta la pregunta es la escritora, profesora y filósofa francesa, Simone de Beauvoir. Ella escribió aquello de no se nace mujer: se llega a serlo”.

Simone de Beauvoir, París 1930 por Denise Bellon

Simone de Beauvoir muestra en El segundo sexo cómo las mujeres sienten la opresión que ejercen sobre ellas nuestras sociedades patriarcales, impidiéndoseles ejercer su libertad.

Por esa eliminación de toda forma de dominio y sumisión, lucharon en nuestro país mujeres como Clara Campoamor y Victoria Kent.

Pasos hacia la igualdad

El 1 de octubre de 1931 España daba un gran paso hacia la igualdad. Las Cortes de la Segunda República aprobaron por 161 votos a favor y 121 en contra que las mujeres tuviesen derecho a voto: tocaba hablar de sufragio femenino. En aquel entonces solo eran tres las mujeres diputadas en el Parlamento: Margarita Nelken, Victoria Kent y Clara Campoamor.

Victoria Kent y Clara Campoamor, gracias al debate que protagonizaron, se convertirtieron en figuras icónicas cuyas palabras han tenido, y tienen, una enorme trascendencia.

Mi intención es la de volcarme en los nombres propios de Victoria Kent y Clara Campoamor, más concretamente en el debate que protagonizaron y que las condujo a convertirse en figuras icónicas cuyas palabras han tenido, y tienen, una enorme trascendencia. Eso no impide preguntarse quién fue Margarita Nelken, y por qué alguien decidió excluirla de nuestra memoria. Margarita fue una mujer perteneciente a lo que hoy denominamos “Generación de la República”. Mujer dotada de fuerza, energía y capacidad de lucha encomiables. Su inteligencia la llevó a vencer el papel al que estaba destinada, el de esposa y madre (cuál si no) y creer en sus ideas, transformándolas en compromisos políticos, sociales y artísticos. Sobre todo, es destacado su servicio a favor de los derechos de la mujer.

Que alguien de semejantes características sea una desconocida es resultado de ese mal del que tanto adolecemos, la falta de memoria cuando se trata de mujeres. Sin lugar a dudas, una injusticia para quienes dieron lo mejor de su vida por mejorar la de los más débiles. Margarita junto a Victoria y Clara y otras de sus coetáneas tuvieron un compromiso firme con la emancipación.

Vuelvo la mirada hacia Kent y Campoamor, ambas abogadas, políticas, feministas y mujeres. Ambas con tanto en común y con posturas enfrentadas.

Victoria Kent y Clara Campoamor en la Revista Crónica. Publicación del 7 de marzo de 1973 (Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España).

¿Qué sucedió entre Clara Campoamor y Victoria Kent hace ya más de 80 años? ¿Pero no estábamos diciendo que, “Fuenteovejuna, todas a una”? (Mis admiraciones don Félix Lope de Vega, sin duda un sobresaliente dramaturgo español, pero no es su momento, es el momento de hablar de mujeres también sobresalientes) ¿No apoyaban la misma idea? ¿En qué mostraron desacuerdo?

Era 1931 y España se estaba adentrando en la modernidad y en la democracia. Mucha gente creía que toda la población debía disfrutar de ventajas sin distinción de sexos. Recientemente las mujeres podían ser elegidas, que no electoras. Margarita Nelken (PSOE), Clara Campoamor (Partido Republicano Radical) y Victoria Kent (Partido Republicano Radical Socialista), fueron las primeras mujeres en obtener un escaño, votadas obviamente por hombres. Las tres eran feministas.

Subrayo los nombres de estas mujeres progresistas y republicanas, Kent y Campoamor, Campoamor y Kent, quienes protagonizaron uno de los episodios más interesantes de la Segunda República española a propósito del otorgamiento del voto femenino. Este episodio consistió en un controvertido debate en las Cortes Constituyentes de 1931.

Una mujer vota por primera vez en un colegio electoral de Sarriá durante las elecciones de 1933

Victoria vio la necesidad de aplazar el voto femenino. Entendió la defensa de un ideal partiendo de una previa convivencia con ese ideal. Era más prudente esperar hasta que a las mujeres se les hubieran infundido los valores republicanos. Razonaba que, si todas las mujeres entusiastas por la República fuesen universitarias, entonces también ella se alzaría por el voto femenino. No convenía concederle el voto a una mujer más conservadora, contraria a la República.

Pero Clara disentía. Clara proclamó enfervorizada el derecho al voto femenino, independientemente de que gustase o no el resultado en las urnas. Su argumento fue la igualdad de todos los seres humanos, por otra parte, irrefutable para la izquierda:

Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural, el derecho fundamental que se basa en el respeto de todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo…

Clara Campoamor

Tras acalorados debates, el artículo 36 de la Constitución que admitía el sufragio universal y, en consecuencia, concedía el voto a las mujeres, fue aprobado. La victoria se la llevó Clara. A la señora Kent no le bastó contar con su nombre para asegurársela.

Color morado

El color morado o violeta, es el color representativo del Día de la Mujer. Es el escogido como signo de reivindicación.

Las sufragistas inglesas adoptaron este color en 1908. También se cuenta que el humo producido por el famoso incendio de la fábrica textil de Nueva York donde murieron calcinadas 146 personas, era color violeta. Un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist provocaba la muerte de 123 mujeres y 23 hombres, la mayoría eran jóvenes inmigrantes de origen judío e italiano. Los dueños cerraron las puertas para evitar hurtos, imposibilitando a los trabajadores escapar de las llamas.

120 mujeres fueron abatidas en la marcha del 8 de marzo de 1857. Fue la fundación, en parte, del movimiento feminista

Sin embargo, el acontecimiento que marcaría la fecha del 8 de marzo en el calendario se remonta a ese mismo día del año 1857. Cientos de mujeres de una fábrica de la industria textil, también de Nueva York, salían a marchar contra los bajos salarios, irrisorios en comparación a los de los hombres por desempeñar igual tarea. Esa jornada culminó con la sangrienta cifra de 120 mujeres muertas a raíz de la brutalidad empleada por la policía en su intento por dispersar la marcha. Dicho episodio condujo dos años después a la fundación por parte de las trabajadoras, del primer sindicato femenino.

Tendrían que llegar los años 60 y 70 para convertir al color morado en símbolo de lucha feminista, asociándosele posteriormente a la jornada que se celebra cada 8 de marzo.

La activista británica Emmeline Pethick (1867-1954), dijo:

El violeta, color de los soberanos, simboliza la sangre real que corre por las venas de cada luchadora por el derecho al voto, simboliza su conciencia de la libertad y la dignidad

Emmeline Pethick

Qué hacer cuando te ves ignorada, rechazada, sin voz, sin derecho alguno, cuando eres una mujer y se espera de ti que seas sumisa, silenciosa, cuidadora, desempeñando ese papel que te ha sido asignado no ya de secundaria, sino de insignificante. Qué hacer si no puedes disponer de tu dinero, ni de tu vida si ésta no coincide con la voluntad del hombre. Qué hacer sino actuar.

Hubo angustia, frustración, insensibilidad. No olvidemos cuán difícil y doloroso ha sido lograr unos derechos civiles que creemos naturales e irrevocables pero que tanto sufrimiento ha sido necesario emplear para alcanzar.

Las sufragistas lucharon por algo que aún hoy no detiene la lucha: la igualdad de derechos. El movimiento sufragista en el Reino Unido derivó en el desencanto como consecuencia de la indiferencia del resto de la población, particularmente de legisladores y poderosos. Ello propició un siguiente paso inevitable, hacerse notar a través de pequeños actos cada vez más radicalizados.

Cartel de la película Sufragistas (2015)

Han sido muchos los hombres que no amaron a las mujeres y continúan siendo muchos (frente a tantos otros que apoyan todo lo que representa esta fecha) hoy. Del mismo modo lamentamos, hombres y mujeres, que sean muchas las que no se aman y tampoco nos aman, rechazando ser partícipes de este sentimiento de sororidad. Un sentimiento que nos anima a salir en masa a la calle el 8 de marzo.

Roma leída al revés es Amor, y pese a lo trillado que pueda resultar el comentario, me parece adecuado para emitir un un bravo por Cuarón (no es mi intención irrumpir en un territorio cinematográfico que mejor reservar para quienes poseen capacidad crítico instructiva al respecto). Repito, bravo Alfonso Cuarón, demostrando amar a las mujeres acercándonos a ese perfil de mujer luchadora, noble, maternal, víctima del machismo y los abusos socioeconómicos. No le hizo falta lanzar discurso feminista ni juzgar. Estos son los hombres que sí aman a las mujeres y saben que de nuestra mano cualquier avance es un verdadero avance, y es mucho mejor.


Foto de portada: Mujeres detrás del movimiento sufragista de Gran Bretaña