Invadiendo a Fisac. Cómo cargarse un icono de la arquitectura

  • Miguel Fisac es uno de los mayores arquitectos contemporáneos en España. Sin embargo, la falta de respeto al patrimonio arquitectónico en este país ha arrasado también con su obra. El arquitecto Simón Ángel Ros nos acerca a uno de sus ejemplos más flagrantes, en Mazarrón.

Miguel Fisac proyectó en 1968, en la Región de Murcia, una vivienda de vacaciones para su propia familia, de diseño rotundo y volúmenes contundentes, de funcionalidad difícil, un ejemplo singularísimo, personal y único, de arquitectura residencial unifamiliar, una vivienda que se convirtió en icono mundial entre las viviendas más singulares del planeta. Aunque la parcela en que se ubica pertenece al término municipal de Cartagena, en la carretera que une el Puerto de Mazarrón con Isla Plana, lo cierto es que, por estar abierta a la Bahía de Mazarrón y muy próxima a su término municipal, todo el mundo la reconoce como ubicada en Mazarrón y así aparece en casi todas las publicaciones sobre el arquitecto.

Miguel Fisac Serna nació en Daimiel (Ciudad Real) el 29 de septiembre de 1913, hijo de farmacéutico y de ama de casa. Sus estudios universitarios, comenzados en 1934, se vieron interrumpidos por la Guerra Civil y no pudo obtener el título de arquitecto hasta el año 1942.

En 1936 había ingresado en el Opus Dei, tras haber convivido en Madrid con un grupo de jóvenes, bajo la dirección espiritual del fundador del Opus, José María Escrivá de Balaguer. La salida del Opus, en 1955, fue traumática en su vida y en su obra. Profesionalmente sufrió un veto que le cerró las puertas que antes había tenido abiertas. Su carácter difícil y su acendrado espíritu polemista también contribuyeron a ello.

En 1968 proyectó una obra con un fuerte componente formalista, los laboratorios Jorba, una torre de inspiración orientalizante en la carretera de Barajas que los madrileños bautizaron como “La Pagoda”.

Contrajo matrimonio en 1967 con Ana María Badell, perito agrícola y luego reconocida escritora. Ana María sería siempre su gran compañera, su colaboradora, la que soportaba sus momentos de mal humor y la que lo alentaba en los momentos de desánimo. Ella misma rememoraba en una entrevista el fuerte genio de su esposo, explosivo a veces, de mucho carácter, pero también su humanismo, su dignidad y su capacidad de lucha. Tuvieron tres hijos, Anaïk (que murió siendo niña, y a la que dedicó su iglesia de Moratalaz), Taciana y Miguel.

En 1968 proyectó una obra con un fuerte componente formalista, los laboratorios Jorba, una torre de inspiración orientalizante en la carretera de Barajas que los madrileños bautizaron como “La Pagoda”. Con sus paraboloides hiperbólicos de hormigón, que resolvían espacialmente el giro de 45° de cada planta cuadrada sobre la planta inmediatamente inferior, fue el contrapunto de un gran repertorio de edificios mucho más escuetos y funcionales. Su demolición en 1999 supuso un enorme escándalo popular, suscitó una viva polémica en la prensa y fue una gran pérdida para el patrimonio arquitectónico contemporáneo.

La Pagoda, obra de Miguel Fisac. 1968

En 1994 recibió la Medalla de Oro de la Arquitectura Española, otorgada por el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España. En 2003, ya nonagenario, recibió el Premio Nacional de Arquitectura. El periódico El País lo definió como “Miguel Fisac, arquitecto imprescindible de la España del siglo XX”.

Fisac murió el 12 de mayo de 2006, a los 92 años, en su casa del Cerro del Aire en Madrid, que él mismo había proyectado en 1956, en lo que hoy es Sanchinarro, y en la que vivió, ininterrumpidamente, desde que contrajo matrimonio hasta su muerte. Ana María murió el 7 de agosto de 2014.

Me contó Diego Peris, director de la Fundación Miguel Fisac, que el diseño de la vivienda de Mazarrón pudo estar condicionado por una apuesta que hizo Fisac con un amigo, en el sentido de que era capaz de construir la vivienda en un tiempo récord. En una época en la que la prefabricación se encontraba en mantillas en España, proyectó una vivienda compuesta por cuatro grandes cajones blancos escalonados, construidos con encofrado corrido industrial tipo túnel, lo que le permitió ganar la apuesta. Desde que fue construida, los vecinos la llamaron popularmente “La Cajonera”. La mayoría de referencias bibliográficas datan el proyecto y la construcción en 1968, aunque la Fundación Docomomo sitúa el proyecto unos años antes, en 1964, y la finalización de la construcción en 1968. Puede ser que Fisac conociera la zona y proyectara la vivienda en 1964 (época en que debió viajar con frecuencia a Murcia, pues está intercalada entre dos de sus proyectos de bloques de viviendas vacacionales en Águilas), que lo hiciera con intención puramente experimental y que no se decidiera a construirla hasta imponerse el reto derivado de la apuesta con el amigo.

Foto histórica de la casa de Fisac en Mazarrón.

El terreno de la parcela tiene una considerable pendiente, que Fisac decidió enfatizar y reproducir en el escalonamiento de la vivienda. Para ello, construyó todo un sistema previo de pedestales escalonados, unos muros de contención para acoger dos plazas de aparcamiento en superficie, al nivel de la carretera, y un entramado de escaleras de piedra zigzagueantes con giros ortogonales, adosadas a los pedestales y adaptadas a la topografía del terreno, confundiéndose todo este basamento pétreo con los colores y los materiales de la zona, camuflaje de integración en el paisaje que Fisac gustaba de practicar en sus obras domésticas. Sobre el entramado de plintos de piedra dispuso los cuatro módulos escalonados, de color blanco inmaculado, apoyando el extremo delantero de cada uno en el extremo trasero del módulo inferior, dejando debajo un espacio libre intermedio sobre el que flota y sobrevuela la vivienda. El tamaño de los módulos, en longitud y en anchura, iba disminuyendo con la altura; cada módulo era unos 50 cm más corto y unos 30 cm más estrecho que el módulo inferior, lo que acentuaba, a modo de trampantojo, la percepción de perspectiva del conjunto cuando se contemplaba desde la base de la ladera. Para acentuar esa sensación visual de ordenado desorden, los módulos estaban desplazados entre sí en sentidos alternos, disminuyendo también, en sentido ascendente, la longitud del desplazamiento entre cada dos módulos. El desplazamiento de los módulos era aprovechado para disponer la escalera de comunicación entre ellos, de forma que iba serpenteando alternativamente, a derecha e izquierda, según la posición relativa del módulo, haciendo los cruces por el espacio libre entre cada dos de ellos. Estos cuatro cajones blancos marcaban el contrapunto de los basamentos de piedra en los que se apoyaban.

Las dependencias de la vivienda estaban repartidas entre los cuatro módulos. En el primero se ubicó el salón comedor con terraza delantera, la cocina y una despensa; en el siguiente, un dormitorio con terraza delantera, un cuarto de baño y un lavadero; el tercer y el cuarto módulos contenían, cada uno, un dormitorio con terraza delantera y un cuarto de baño. Todas las terrazas delanteras tenían magníficas vistas al mar.

Plano de planta. Fisac
Plano de alzado y sección. Fisac

He aludido antes a la funcionalidad difícil de la vivienda, circunstancia que a veces concurre en la arquitectura experimental, aquella que se aparta de lo convencional, máxime si el arquitecto la proyecta para uso propio y no tiene que convencer a ningún cliente de las ventajas del experimento, aunque tenga que pagar el peaje de ciertas incomodidades. Recordemos, por otra parte, que se trataba de una vivienda unifamiliar para su uso como segunda residencia. Pues bien, la vivienda tenía la particularidad de que para pasar de un módulo a otro había que salir al exterior y recorrer los correspondientes tramos de escalera, que no solo estaban al aire libre, sino que ni siquiera estaban techados (solo lo estaban los que discurrían, en sentido transversal, en el espacio libre entre cada dos módulos). Cada módulo tenía, por tanto, una puerta de acceso independiente desde el exterior. Si bien el clima de la zona suaviza estas disfuncionalidades y la vivienda tenía el carácter de una residencia de vacaciones, con un uso predominantemente estival, carecía de una característica que en términos de habitabilidad se define como privacidad (ámbito íntimo de la vida personal que se desarrolla en un espacio reservado). El carácter radical de la propuesta llevó a Fisac, incluso, a renunciar al uso privilegiado que habría supuesto aprovechar la cubierta de cada módulo como terraza descubierta utilizable por el módulo superior, de forma que las terrazas de cada módulo se conformaron dentro del volumen de éste, y se delimitaron con un pretil de obra, en lugar de con una barandilla, para deslindar con mayor rotundidad la frontera entre el volumen habitable y el espacio no utilizable.

La vivienda, según Le Corbusier, es una «máquina de habitar», estaba concebida como si se tratara de una fábrica en la que varias máquinas independientes se repartieran las distintas funciones

La vivienda, que según la definición acuñada por Le Corbusier es una «máquina de habitar», estaba concebida en este caso de una forma más compleja, con una separación de los usos, como si se tratara de una fábrica en la que varias máquinas independientes se repartieran las distintas funciones, actuando la serpenteante escalera como cadena de transmisión entre ellas.

Foto histórica en color. Fisac

Fisac y su familia ocuparon poco tiempo la vivienda y pronto regresaron a la residencia de verano de la Costa de los Pinos, en Mallorca, que el arquitecto había construido en 1961. La casa de Mazarrón fue adquirida a mediados de los setenta por un ingeniero. Quizás de esta época sea la transformación de la inicial vivienda unifamiliar en cuatro apartamentos mínimos, mediante la incorporación de una mini cocina office en cada uno de los tres módulos superiores, y de ahí proceda el error de que en algunas publicaciones (incluso en la ficha del Docomomo Ibérico) se aluda a la obra como los apartamentos de Mazarrón.

Para esta vivienda lo peor estaba por llegar. En 2006 pasé por la zona y vi una pequeña grúa torre colocada en la parcela. Temiendo lo que podía venir, me detuve a contemplarla desde todos los ángulos posibles y a fotografiarla en su situación amenazada, pero aun intacta. El tiempo confirmó mis malos augurios y ya en 2008 había sufrido la desoladora transformación con la que hoy la vemos. Pasé varias veces más delante de ella en los años siguientes, y siempre la miraba horrorizado y entristecido. Finalmente, en 2011 me decidí a pararme de nuevo y a fotografiar desde varios ángulos el edificio transformado. La comparación entre unas y otras imágenes da una idea de lo que allí se ha perpetrado, que describo a continuación. Pensaba entonces, y lo sigo pensando ahora, que no es éticamente admisible destrozar un icono de la arquitectura contemporánea de una forma tan poco respetuosa, habiendo tantas viviendas anodinas y tantas parcelas libres de edificación en las que un arquitecto puede explayarse libremente sin atentar contra un edificio mundialmente admirado.

Fotografías tomadas en 2006 y 2011. Simón Ángel Ros

Parece ser que los siguientes propietarios, cuando la vivienda había soportado unos años de abandono, quisieron demolerla, pero una mínima sensibilidad en el Ayuntamiento de Cartagena consiguió frenar la demolición, pese a no estar oficialmente protegida. Así me lo testimonió un antiguo arquitecto municipal, hoy jubilado.

La vivienda sí está inventariada en el Registro de la Fundación Docomomo Ibérico, que es la rama de la Península Ibérica integrada en Docomomo (Documentation and Conservation of buildings, sites and neighbourhoods of the Modern Movement), una organización internacional creada en 1990 con el objetivo de inventariar, divulgar y proteger el patrimonio arquitectónico del Movimiento Moderno. El Patronato de la Fundación ibérica está integrado por los Colegios de Arquitectos de España y Portugal. La ficha indica que actualmente la vivienda está “muy transformada”; la Fundación lamenta la vulnerabilidad a la que se enfrenta el patrimonio arquitectónico reciente.

Tras aceptar la no demolición de la vivienda, los nuevos propietarios la ampliaron y reformaron entre 2006 y 2007, segregando, además, la propiedad del edificio en dos viviendas, repartiéndose los módulos blancos, dos para cada una.

La vivienda ha sido brutalmente transformada, con una falta de respeto al maestro que fue Fisac y a la maestría de su obra que resultan muy desoladoras.

La vivienda ha sido brutalmente transformada, con una falta de respeto al maestro que fue Fisac y a la maestría de su obra que resultan muy desoladoras, introduciendo unos volúmenes que rompen absolutamente la unidad conceptual de la obra anterior y compiten bruscamente con ella hasta anularla por completo, incorporando, además, un estridente rojo en un nuevo volumen adosado a uno de los módulos blancos originales, añadiéndole también grandes masas de hormigón visto que compite violentamente con los muros de piedra originarios, introduciendo barandillas de acero inoxidable y carpinterías de aluminio, cerrando las terrazas anteriormente integradas en los volúmenes de los módulos blancos y aprovechando como nuevas terrazas las plataformas de cubierta a las que había renunciado Fisac en su proyecto, etc., etc.

Imagen histórica frente a una tomada en 2011, con las modificaciones aplicadas
Imagen histórica frente a una tomada en 2011, con las modificaciones aplicadas

El bloguero “Nachobé”, en una entrada en su blog fechada en 2008, ya describía su visita a una de las dos viviendas resultantes de la transformación y afirmaba que “el resultado final de la ampliación está lejos de  respetar, integrarse o camuflarse con respecto a la obra original; y desde luego muy lejos de ser «un pedazo de aire humanizado» tal y como entendía Fisac la arquitectura”. También aludía a que “se ve cómo los volúmenes, apenas reconocibles en la configuración actual,  parecen  emerger pidiendo auxilio”. Concluía diciendo que se había despedido de aquella visita “triste por la oportunidad perdida, por el recuerdo ya irrecuperable de aquellos apartamentos escalonados y pensando qué habría hecho yo si me hubiese enfrentado a ese encargo. Hay frases que no nos enseñan a decir en la carrera, «preferiría no hacerlo» es una de ellas”. Esa rotunda última frase, “preferiría no hacerlo”, tan afortunada en sintetizar el desatino, es la que da título a esa entrada en su blog.


Un estudio más extenso sobre la obra de Miguel Fisac en la Región de Murcia está incluido en mi artículo publicado en el nº 14 de la revista “Alberca”

También puede ser consultado el artículo “Preferiría no hacerlo”, del bloguero Nachobé.

Casa de Mazarrón, del arquitecto Miguel Fisac