Francisco Salzillo: un escultor para una cofradía

  • Semana Santa es siempre sinónimo de arte y pasión, y no hay mayor muestra en el patrimonio español que la obra de Francisco Salzillo, desarrollada sobre todo en Murcia. El restaurador de obras de arte e investigador, Juan Antonio Fernández Labaña, hace un recorrido por su obra a través de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia.

Hablar de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia es hacerlo del escultor Francisco Salzillo; pues no en vano, ocho de los nueve Pasos que procesiona esta cofradía son suyos (1). Ocho Pasos que, en realidad, fueron diez; pues, como veremos a continuación, Salzillo llegó a sustituirse, por dos veces, a sí mismo.

Francisco Salzillo Alcaraz (1707-1783) fue un escultor notablemente fecundo, con obra repartida por toda la Región de Murcia, pero también por las provincias limítrofes (el antiguo Reino de Murcia), llegando incluso en otros lugares de la geografía española. De ello dan fe sus dos primeros biógrafos, a finales del siglo XVIII, Diego Rejón de Silva y Luis Santiago Bado (2).

Detalle del Ángel y el Cristo de la Oración en el Huerto. Juan Antonio Fernández Labaña.

Aunque se ha escrito mucho en torno a los inicios y formación de Francisco Salzillo, realmente poco se sabe, dado que apenas existe documentación que atestigüe lo que tradicionalmente se ha venido exponiendo. Debiendo de apoyarnos, si es que queremos conocer sus comienzos con una mínima objetividad, en las dos biografías anteriormente citadas, ya que se trata de una fuente de información muy veraz; convirtiéndose en una fuente de información muy valiosa, pues no en vano fueron realizadas apenas unos años después del fallecimiento del escultor, con lo que la información aportada es prácticamente de “primera mano”, facilitada por dos personas que llegaron a conocerlo directamente.

Dos biografías que, curiosamente, coinciden en un mismo dato, el que Salzillo no se había estrenado en la madera cuando su padre fallece; teniendo formación en dibujo, pintura y modelado, pero nada más. Un hecho que aún le da mayor mérito a su producción escultórica; convirtiéndolo en todo un escultor hecho a sí mismo. Y que se vio obligado, ante el fallecimiento paterno, a hacerse cargo (como hijo mayor) del taller de escultura que su padre había mantenido durante veintisiete largos años; pues de él dependían tanto la madre como sus seis hermanos (dos hermanos y cuatro hermanas). Heredando, no solo el taller sino que también una muy buena cartera de clientes, entre las que, seguro, estarían las principales órdenes religiosas de la ciudad.

Cuando su padre fallece, Salzillo solo tenía formación en dibujo, pintura y modelado, pero nada más. Un hecho que aún le da mayor mérito a su producción escultórica; es un escultor hecho a sí mismo.

Todo un reto en el que precisamente sus hermanos fueron clave, llegando a participar activamente en el taller; como así dejaron constancia sus dos primeros biógrafos. Encargándose su hermano José Antonio de la talla (al igual que Francisco), siendo Patricio e Inés los que se encargaban de policromar y dorar. Convirtiendo, de esta manera, el taller en un taller puramente familiar (con Francisco Salzillo a la cabeza); completamente alejado de aquellos talleres de escultura del XVII donde el maestro escultor solo se encargaba de la talla en madera, siendo pintores externos quienes se hacían cargo de la policromía y el dorado.

Hermanos que fueron retirándose paulatinamente para dejar paso a discípulos. Aprendices, convertidos posteriormente en escultores, de los que solo se ha podido documentar a dos: el murciano Roque López y el caravaqueño José López. Existiendo, sin lugar a dudas, mucho más; que más tarde o más temprano serán descubiertos y puestos en valor.

Detalle de la imagen de San Pedro Apóstol, del Paso del Prendimiento. Juan Antonio Fernández Labaña.

Todo ello, sumado a la genialidad del escultor, que supo conectar desde el primer momento con el pueblo a través de sus creaciones, derivó en una ingente producción escultórica; tallas que, en la gran mayoría de los casos, fueron hechas para sustituir a otras esculturas previamente existentes. Inundando, de este modo, con su arte, las distintas iglesias parroquiales, iglesias conventuales y cofradías de aquel antiguo Reino de Murcia.

Encontrando en los Pasos que posee la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia un magnífico y sin igual ejemplo de la producción escultórica de este escultor, ya que Salzillo trabajó para la Cofradía de Jesús desde 1735 a 1777; un espacio temporal en el que nuestro maestro escultor dejó en la cofradía lo mejor de su arte en cada momento; desde el inicial Paso del Prendimiento hasta el grupo de los Azotes (su último grupo), pasando por pasos tan icónicos como la Caída,  la Oración en el Huerto, el San Juan o la Dolorosa. Sustituyendo la gran mayoría de Pasos prexistentes en la cofradía, incluida la Cena de su padre Nicolás Salzillo (3). Llegándose a sustituirse incluso a él mismo.

Encargos que comenzaron en 1735 con el Paso del Prendimiento; un grupo escultórico inicial, compuesto por imágenes de vestir, donde solo cabezas manos y pies estaban policromadas. Un grupo que fue sustituido, como posteriormente veremos, casi treinta años después, por un nuevo grupo mayoritariamente de talla completa (4); vendiéndose éste a la ciudad de Orihuela(5).

Paso del Prendimiento.. Juan Antonio Fernández Labaña.

A éste le siguió el primer San Juan, igualmente de vestir, ya en 1748. Una obra, que al igual que el primer Prendimiento, acabó sustituyendo años después (6).

No siendo hasta la década siguiente, la de los cincuenta, cuando Francisco Salzillo realizará dos de los Pasos que más fama le han dado: la Caída, en 1752; y la Oración en el Huerto, de 1754. Respecto a la Caída, se trata de un grupo escultórico donde el escultor mezcla imágenes de vestir (Cristo) con otras de talla completa (el sayón que le tira del pelo, el que está en actitud de golpearle, o el soldado que contempla la escena). Un conjunto con una vista principal, el lateral derecho, que a modo de escena teatral, representa una de las dramáticas caídas de Cristo mientras transportaba sobre sus hombros la cruz de su martirio. En lo que respecta a la Oración en el Huerto, Salzillo vuelve a utilizar imágenes de vestir (Cristo), junto con imágenes  de talla completa (el ángel que conforta a Cristo y los tres apóstoles dormidos en el huerto). Un conjunto en el que, por encima de todo, destacan las imágenes de Cristo con el ángel que lo conforta; dos esculturas de referencia, que han sido múltiples veces replicadas.

Detalle de la imagen de Cristo, perteneciente al Paso de la Caída. Juan Antonio Fernández Labaña.

Tras este grupo llegaría la imagen del nuevo San Juan, en 1755; una escultura de talla completa que sustituiría a su primer San Juan (el de vestir).

 Detalle del Paso de San Juan. Juan Antonio Fernández Labaña.

Continuando con la imagen de la mujer Verónica, una curiosa talla, datada en 1755, de la que Luis Santiago Bado indicaba que no era del todo suya, sino que se trataba de una antigua escultura preexistente a la que Salzillo terminó retallando, adaptándola a su estilo.

Paso de la Santa Mujer Verónica portado por sus nazarenos estantes. Juan Antonio Fernández Labaña.

Dos encargos de imágenes individuales que culminarán con la llegada de una escultura icónica dentro de la cofradía y en la producción escultórica de Francisco Salzillo; la Virgen de los Dolores, popularmente conocida en Murcia como la “Dolorosa”. Una escultura de vestir, pero con un rostro tan dramático, y al mismo tiempo tan bello, que ha sido ampliamente referenciada y reproducida por los distintos escultores que, a lo largo de todos estos siglos, han trabajado en la Región de Murcia. No obstante, una imagen que no fue hecha para ir en solitario, sino para ser acompañada por cuatro ángeles niños; cuatro esculturas de talla completa que fueron hechas, exprofeso, para completar la escena de María siguiendo a su hijo camino del Golgota. Cuatro angelitos que Salzillo situó en distintas posiciones (uno recogiendo el manto por la parte de atrás, otro besando los pies de la Madre del Redentor, y los otros dos en actitudes llorosas); descritos, en sus posiciones originales por Luis Santiago Bado. Cuatro pequeñas joyas de la escultura que, a día de hoy, han sufrido una modificación de su posición original, que ha sido completamente alterada (7).

Detalle de la Virgen de los Dolores, popularmente conocida como “la Dolorosa”. Juan Antonio Fernández Labaña.

Tres esculturas individuales tras las que llegarían, en la década siguiente, dos grandes grupos procesionales, el Paso de la Cena y el del Prendimiento.

El primero en llegar fue el Paso de la Cena, en 1761; un soberbio conjunto de trece esculturas de talla completa. Sin lugar a dudas, uno de los grupos más completos de cuantos haya en la península en relación a este tema. Un conjunto escultórico que sustituía a un Paso anterior realizado por su padre, el escultor Nicolás Salzillo. Una escena donde Salzillo no escenifica el momento de la Sagrada Eucaristía, sino el momento previo a ésta, cuando Jesús anuncia que uno de los allí presentes (a quien entregue el pan) lo traicionará. De ahí precisamente el revuelo entre todos los apóstoles, representados con expresiones de asombro. Situando, a los dos protagonistas de la escena (Jesús y Judas), en los ángulos opuestos de la mesa, aunque “unidos” por la diagonal que traza el dedo acusador del Maestro; mientras Judas, mirando de reojo, asiente con el dedo pulgar hacia arriba. Aunque un grupo donde falta un pequeño pero decisivo elemento, el trozo de pan que Cristo debía de llevar en la mano izquierda a fin de entregárselo al apóstol traidor, delatándolo. Un complemento añadido por Francisco Salzillo y descrito por sus dos primeros biógrafos, que, sin embargo, se ha perdido a lo largo del tiempo; dejando vacía esa mano izquierda.

Vista cenital del Paso de la Cena del Señor. Juan Antonio Fernández Labaña.

Dos años después vendría el grupo del Prendimiento. Un Paso que sustituiría al primitivo grupo (de vestir) realizado por él mismo en 1735 (8). Un conjunto donde Salzillo volcará toda la madurez de su arte, compuesto por cinco figuras que, a modo de dos grupos, forman el conjunto: una primera escena formada por el Apóstol San Pedro en actitud de cortar la oreja al soldado Malco; y una segunda escena compuesta por el apóstol traidor besando la mejilla de su Maestro, mientras es observado por un soldado desde atrás.

06.- Detalle del Beso de Judas, perteneciente al Paso del Prendimiento. Juan Antonio Fernández Labaña.

Acabando, al final de la década siguiente, en 1777, con el grupo de los Azotes; el último Paso de Francisco Salzillo para la Cofradía de Jesús. Un conjunto escultórico donde Salzillo representa a un Cristo ensimismado en sí mismo, ausente de dolor, en contraste con los furiosos rostros de los sayones que lo azotan y burlan de él.

El Paso de los Azotes, portado por sus nazarenos estantes, pasando por delante del Museo Salzillo. Juan Antonio Fernández Labaña.
Vista posterior del Paso de los Azotes. Juan Antonio Fernández Labaña.

Ocho Pasos que convierten a esta cofradía en todo un tesoro, en un referente para todo investigador que quiera tratar la figura de Francisco Salzillo. Pues aunque no fue la única cofradía para la que Salzillo trabajó, sí es la única que, a día de hoy, después del movimiento iconoclasta ocurrido en el verano de 1936, conserva íntegro todo su patrimonio escultórico. Conservándose, en sus correspondientes capillas, en la iglesia privativa de Jesús, anexa al Museo Salzillo de Murcia.

Una serie de Pasos que adquieren toda su significación en la mañana de Viernes Santo, desfilando por las calles de Murcia; pues para eso fueron realizados, para ilustrar, para mostrar, a modo de catequesis plástica, en movimiento, la Pasión de Jesucristo.


Foto de portada: El Paso de la Oración en el Huerto portado por sus nazarenos estantes. Juan Antonio Fernández Labaña.

Notas:
(1). A excepción del Titular de la Cofradía, Nuestro Padre Jesús Nazareno; una antiquísima imagen que data del año 1600, cuando se funda la cofradía.
(2). GARCÍA LÓPEZ, D. (2015). “Era todo para todos: la construcción biográfica de Francisco Salzillo durante el siglo XVIII”, en Imafronte, nº 24, Murcia: Universidad de Murcia.
(3). FERNANDEZ LABAÑA, J. A. (2018). “Las imágenes de la Cofradía de Jesús entre 1655 y 1735”, en La Procesión, nº 2, Murcia: Editorial MIC, pág. 84-88.
(4). A excepción de las imágenes de Jesús y Judas Iscariote, que están enlienzados; como así ha determinado una reciente investigación del Centro de Restauración de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.
(5). Desapareciendo en el verano de 1936.
(6). La imagen original fue cedida a la ermita del Calvario del Malecón, para escenificar, junto con un crucificado que allí se veneraba, también de Salzillo, la escena del monte Calvario, junto con una Virgen de los Dolores de autor anónimo. / FERNÁNDEZ LABAÑA, J. A. (2013). El Cristo del Perdón de Francisco Salzillo. Técnicas del siglo XXI para descubrir a un escultor del siglo XVIII. Murcia: el autor.
(7). Desde como mínimo, el último tercio del siglo XIX, los cuatro ángeles fueron cambiados de sus posiciones, pasando a la parte posterior el que besaba el pie de la Virgen.
(8). Siendo evidente de que el escultor quería dejar patente su madurez técnica como maestro escultor, sustituyendo las imágenes de vestir por otras de talla completa.