¿Podemos hablar de un Clasicismo musical en España?

  • Se tiende a asociar el Clasicismo con la música alemana y vienesa del siglo XVIII. Pero existe un movimiento musical que igualmente se puede considerar clásico y que se sitúa en otros países como es el caso de España. Jorge Tomás Soriano nos ofrece un análisis pormenorizado de este periodo artístico. 

El Clasicismo, o Neoclasicismo como es denominado en las artes plásticas, es un movimiento artístico que surge a principios del siglo XVIII con la intención de imitar la estética y los ideales de la Antigua Grecia, basada principalmente en los conceptos de armonía y simetría. Definir qué es Clasicismo en música es algo más complicado que en otras artes como la pintura o la arquitectura, por la sencilla razón de que los compositores que hoy denominamos clásicos no tenían ninguna fuente directa de cómo era realmente la música de la antigüedad clásica para poder reflejarla en sus composiciones, como era en el caso de la pintura o la arquitectura.

Con el Clasicismo se produce una revalorización de la música instrumental. La música no necesita de un texto para poder expresar sentimientos.

Durante el siglo XVIII encontramos en la música una serie de características comunes que marcan un nuevo estilo “clásico”, que comienza a surgir alrededor del año 1720. Estas composiciones buscan una simplificación del estilo musical (en todos sus aspectos: melodía, armonía, textura, fraseo…) y una mayor distinción estilística según el lugar de interpretación y la nación, cobrando también mucha importancia el estilo “sensible” a partir de 1760. A su vez la ópera seria italiana se convierte en un sistema internacional de ópera de corte, debido a la gran influencia que ejerció la ópera italiana en el modo de componer de compositores de toda Europa como Haydn o Mozart. Durante este siglo también se produjo una revalorización de la música instrumental, tras el surgimiento del concepto de música absoluta, el cual dicta que la música no necesita de un texto para poder expresar sentimientos.

Además de estas características puramente musicales debemos tener en cuenta los cambios sociales de gran importancia que se produjeron durante este siglo, cobrando gran importancia las ideas de la Ilustración que hicieron posible la consolidación de redes internacionales de comercio entorno a la música (editores, constructores de instrumentos…), la creación de salas de conciertos y de un público nuevo que favoreció la interpretación musical en ámbitos no profesionales.

Amadeus (Milos Forman, 1984) refleja las excentricidades de Mozart y los celos de Salieri en aquella época de pelucas y grandes eventos musicales de salón.

Una vez puesto en contexto, es evidente que el Clasicismo musical es un periodo histórico muy difícil de determinar y, por tanto, el establecimiento de una periodización y unas características comunes sobre lo que entendemos por música clásica es una simplificación y una estandarización de unos cánones universales que han sido creados por los propios historiadores con la intención de comprender la evolución de la historia de la música, pero que no se corresponden con la realidad de la historia.

Sería más correcto hablar de estilos clasicistas y no de un Clasicismo general que solo responde a la música de determinados compositores muy canónicos como Haydn, Mozart o Beethoven.

Debido a la repercusión que tuvo la música alemana, y en particular la vinculada a la ciudad de Viena, en el panorama europeo general esta tradición ha quedado como el canon sobre lo que entendemos por Clasicismo. Esto no quiere decir que en otras zonas como España o Francia no existieran compositores que produjeran una música que podríamos considerar clásica, ya que la influencia de los estilos que venían de Alemania e Italia se une a las tradiciones musicales de cada país concreto. Por esta razón sería más correcto, en mi opinión, hablar de estilos clasicistas y no de un Clasicismo general que solo responde a la música de determinados compositores muy canónicos como Haydn, Mozart o Beethoven.

En el caso concreto de España es evidente la gran influencia que tuvo la música italiana debido al gran intercambio cultural que existía entre regiones como Nápoles o Sicilia y la península. No olvidemos que gran parte  de lo que hoy conocemos como Italia pertenecía el reino español hasta el fin de la guerra de sucesión en el año 1713. La llegada de los Borbones a España no significó el fin de las relaciones entre ambas naciones.

El rey Felipe V y sus sucesores se rodearon de ministros y consejeros que trajeron con ellos las ideas ilustradas y la música italiana, ya que esta era la música más popular en aquel momento. Por lo tanto, el estilo italiano, sobre todo en cuanto a la música escénica se refiere, influyó enormemente a compositores españoles como José de Nebra, Antonio de Líteres, Tomás de Iriarte o Sebastián Durón.

Retrato del compositor José de Nebra

Otro rasgo importado de Italia fue la costumbre de realizar oberturas instrumentales al inicio de la ópera y la zarzuela, conviviendo estos rasgos típicos italianos con formas tradicionales como las seguidillas, las coplas, las tonadas, los coros a cuatro voces o los sainetes.

La música italiana ejerció una gran influencia en en la evolución musical española a lo largo del siglo XVIII, que combinado con la tradición existente dio lugar a un periodo clásico de nuestra historia.

Por otro lado, la música instrumental también se desarrolló acorde a los géneros más importantes del clasicismo como el concierto, el cuarteto de cuerda o la sinfonía, destacando compositores italianos que se establecieron en la corte española como Luigi Boccherinni y Gaetano Brunetti, así como compositores españoles de la talla de Carles Baguer o Ramón Garay. Instrumentos como el clave o el piano fueron popularizados. Ya que con anterioridad eran utilizados simplemente como instrumentos de acompañamiento o de estudio, por compositores como Doménico Scarlatti que creó un repertorio propio para estos instrumentos. Del mismo modo era común la interpretación de música de grandes compositores extranjeros de la época como Joseph Haydn y Ignaz Pleyel.

Con la creación de teatros públicos la música era cada vez más accesible a las clases burguesas, lo que ocasionó una mayor demanda de música amateur por la que aumentó la composición y edición de música para guitarra, arpa, clave, flauta y obras vocales que se interpretaban en ámbitos domésticos.

Tras este recorrido por la historia de la música podemos concluir que la gran influencia que ejerció la música italiana en la evolución de la música española a lo largo de todo el siglo XVIII, en combinación con la tradición musical que ya existía, dio lugar a una música única que si bien no se atiene del todo a los cánones clásicos europeos, si tiene mucho en común con la música que se escuchaba en otros países como Francia, Italia o Alemania y por tanto es correcto hablar de un periodo clásico en la historia de la música española.

Carlos Baguer, Sinfonía nº13.

Imagen de portada: representación de una zarzuela del siglo XVIII (autor desconocido)