La ciudad de los museos

  • Comerciantes y hoteleros celebran el rumbo que ha tomado la ciudad. Ahora sí es un destino del que sentirse orgulloso. ¿Pero dónde encajan quienes no comulgan con esta masificación turística?

La ciudad de los museos se despertaba a diario sobre las diez de la mañana, hora pactada por la dirección de los diferentes centros y el Ayuntamiento, en estrecha colaboración con los patrocinadores privados, para la apertura de puertas del motor de la economía local. Y es que contaban en su haber con un centenar de museos oficiales que hacían las delicias de las hordas de turistas que elegían la capital de la Costa de Helios como destino vacacional. 

La prensa local sacaba pecho a diario sobre este hecho y no era raro encontrar portadas que enaltecían esta situación y elevaban a los responsables políticos por el crecimiento que suponía para una ciudad que años atrás fue masacrada y destrozada por aquella guerra fraternal cainita. Los titulares iban desde los puramente informativos a los sensacionalistas, pasando por los que deformaban las frases hechas y los que apestaban a un chauvinismo propagandístico: Décimo museo abierto en lo que va de año; Nuestra ciudad, por fin, en el centro del mapa cultural mundial; La inversión del Ayuntamiento comienza a dar sus frutos; No solo de sol y sardinas vive el hombre; Un destino 100% cultural, y un largo etcétera que necesitaría de una profunda inmersión en las hemerotecas municipales. 

Los turistas tienen donde elegir en qué gastan su tiempo. La variedad de los museos se presenta como un ingente abanico de posibilidades para todos los gustos. Por el módico precio de diez euros se puede acceder a cualquiera de ellos -los domingos la entrada es gratuita-, con las únicas restricciones de no realizar ni fotografías ni grabaciones, no tocar los productos artísticos y acudir bien aseado. Además, las empresas de ocio y tiempo libre ofrecen lotes que permiten, a parte de los guías y audioguías habituales, combinar las visitas y ampliar el horizonte de expectativas de los turistas.

Nuestra ciudad, por fin, en el centro del mapa cultural mundial. No solo de sol y sardinas vive el hombre.

El museo que más visitantes recibe, y al que se considera el causante de encender la mecha de este boom, es el dedicado al artista más ilustre e internacional de la ciudad: el oriundo genio que triunfó con su vanguardia a orillas del Sena. Varias pinacotecas ensanchan la oferta de los amantes de la pintura que pueden deleitarse con obras de Magritte, Chagall, Bacon, Khalo, Sorolla o Murillo. No podía faltar el nacionalismo museístico y expresiones como los toros, el flamenco o la Semana Santa también tienen su pequeña parcela reservada. Hay sitio para los transportes, tanto aéreos como terrestres; para la ciencia, aunque no tanto para la investigación; para los vidrios y cristales, tan apreciados por algunos y hasta para el beodismo cultural del vino. Hay espacios centrados en el mundo marítimo e incluso lugares para los amantes de la cultura foránea, como el famoso Museo de los Bolcheviques. Por supuesto, el equipo de fútbol de la ciudad también tiene su terreno de juego, aunque su colección de reliquias es poco visitada por la poca repercusión del mismo. A pesar de ello, no parece que le aceche el peligro del cierre. En los últimos meses, se han inaugurado nuevos museos en la ciudad como el Museo de los Fusilamientos, donde se pueden observar restos de balas o paredes agujereadas por la guerra; el Museo del Pescaito, en el cual se exponen las harinas tradicionales para semejante manjar, las redes que han usado los pescadores a lo largo de la historia o la barca espetera documentada como la primera de la historia; o el Museo de las Drogas Erradicadas, en el que se informa sobre las técnicas y herramientas que usaban para drogarse antes de la limpieza de las calles realizada por el Ayuntamiento y avisa de los peligros de estas sustancias. Esta limpieza dio lugar a otro museo, el último del que se ha celebrado su apertura: el Museo de los Sintecho. Mantas de cartón, cubos de basura, cajeros automáticos y toda una pléyade de utensilios y enseres son admirados desde hace unos días como parte de la historia pasada de la ciudad. 

Los contribuyentes, propietarios de tiendas de souvenirs, hoteles, casas de alquiler, locales gastronómicos y de copas celebran el rumbo que tomó la ciudad hace unos años. Alegan que el cambio ha sido a mejor, que esto le ha dado vida a su tierra y que ahora sí que es un orgullo ser de allí, pertenecer a una sociedad de este nivel. Sin embargo, critican a algunos de sus vecinos por oponerse y criticar esta forma de turismo que consideran masificada y nociva. Aunque, estos no son los que se llevan la peor parte. El grueso de las críticas y miradas de rechazo van dirigidas hacia los que vagabundean por la ciudad sin rumbo, sin participar en ninguno de los actos ni culturales ni recreativos que se ofrecen. A esos que se tiran en la playa sin toalla ni cerveza del chiringuito. Los mismos que todavía cogen un cubo de plástico y una cañita de pescar para conseguir su cena. Son muchas las voces que les acusan de voyeurismo y de alta traición a la patria.


Imagen de portada tomada de Diario Sur.