Me quedé en el fado

  • Cristina Mirete se adentra en la esencia de la música folclórica portuguesa a través de artistas, sentimientos y tabernas lisboetas.

“¡Fado! Porque me faltan sus ojos.
¡Fado! Porque me falta su boca.
¡Fado! Porque se fue por el río
¡Fado! Porque se fue con la sombra…”

Desde que el fado llegó a mí, me enamoré del fado y me quedé en el fado.

Sin embargo, esta letra que aquí comparto no se corresponde con un fado, sino con una de las coplas contemporáneas más populares, María la portuguesa. Escrita y cantada de una manera hermosamente característica por el cantautor y poeta andaluz Carlos Cano y dedicada a la cantante del fado por antonomasia, Amália Rodrígues. Lo que sentía Cano por esta artista lisboeta era auténtica devoción. Un granadino con el corazón dividido, mitad copla, mitad fado. 

Dicen que necesitas haber sufrido por amor para llegar a la esencia del fado porque nace del sentimiento

Sería precisamente ese corazón dividido el que le llevaría a entonar la maravillosa canción, haciéndolo con una voz rezumante de melancolía y tristeza, entregándose en cuerpo y alma cada vez que la interpretaba.

Dicen que necesitas haber sufrido por amor para llegar a la esencia del fado porque nace del sentimiento. Por ahora me desprenderé del sentimiento de añoranza que me encoge el alma cuando de Carlos Cano se trata, para adentrarme en el fado no sin antes reivindicar el valor del folclore, de la música popular, a menudo menospreciada. No olvidemos a la copla.

El fado es el ritmo portugués por excelencia. En el fado encontraremos pequeñas historias del día a día de los barrios humildes. También frustración y fatalismo. Encontraremos la “saudade”. Sí, la tan conocida y controvertida palabra carente de significado aparente, pero a la que los portugueses asocian con esa percepción de ausencia, una ausencia no del todo identificada que alude a ese algo que falta y no obstante parece tenerse ahí, como el vínculo entre el mar de Portugal y sus marineros. Para cantar fado ha de sentirse muy adentro y será necesario bucear en la melancolía de la música portuguesa.

Cartel de Fado, História d’uma Cantadeira ( Perdigão Queiroga, 1947)

Fado y Lisboa. Lisboa se recorre acompañada por las palabras de Fernando Pessoa. Pessoa y su libro del desasosiego (Livro do Desassossego) reflexionan sobre el tedio y la inacción. Escritor escéptico y decaído, irremediablemente unido a Lisboa. Algo que supuso un gran desasosiego fue la partida de José Saramago, el Premio Nobel de Literatura. José estaba dotado de una extraordinaria cordura y nos enfrentó, con su Ensayo sobre la lucidez, a las contradicciones políticas del statu quo imperante en el llamado primer mundo. Una política, la portuguesa, marcada por los tambores de la Revolución. De sobra conocida es la importancia que la mañana del 25 de abril de 1974 tuvo en el país vecino. Despertaba Portugal alzándose contra los residuos del régimen de António de Oliveira Salazar, donde a falta de tabaco, una camarera de nombre Celeste Martins Caseiro entregaba a un soldado un clavel. La flor acabaría dando nombre a la Revolución de los Claveles y escribiría el final de una dictadura que se prolongaba 40 años. 

Son los mismos claveles que arrojaría al escenario del Coliseo de Lisboa si pudiese a hallar la imponente figura de Amália Rodrígues

Esos claveles tenían un color rojo intenso. Son los mismos claveles que arrojaría al escenario del Coliseo de Lisboa, en medio de una ensordecedora ovación, si en ese preciso lugar pudiese a hallar la imponente figura de Amália Rodrígues cantando de negro y acompañada de guitarra, viola y guitarra portuguesa. Otra vez fado. Porque estoy aquí para hablar de fado y Lisboa. Para hablar de fado y romanticismo, de romanticismo y Lisboa, y es que creo que todos hemos experimentado alguna vez una sensación de pertenencia a un lugar que, en principio nos es ajeno. 

Lisboa era brisa de Alfama y de mar

Suelo tomar un atajo a través de la música para llegar a Lisboa. Aquí estoy con mi portátil sobre el escritorio evocándola y con mi tristeza feliz. Pasando de la felicidad a la tristeza en tan solo un segundo. Complacida y devastada. Todo tiene esa dualidad.

Lisboa es mi mundo, Lisboa es mi luz, Lisboa es un poquito mía y Lisboa también soy yo. Hago memoria y huelo a mar, a mar de sal sin secar. Huelo a Alfama, barrio tradicional lisboeta en cuyas estrechas calles se asentaron las residencias de los pescadores durante muchos años. Adoro Lisboa, la idolatro de un modo desproporcionado, la sentimentalizo desmesuradamente. La siento latir en los acordes de la melodía de una guitarra portuguesa. 

Cada cual tiene su ciudad. Ésa que es un virus. Se mete en la sangre y no abandona. Puede ser Beirut, puede ser Estambul, puede ser Lisboa. Puedes serle fiel o necesitar otra. A mí me ocurrió con Lisboa nada más plantarme frente a sus fachadas desconchadas, ante sus colores ocres, amarillos y rosas. A veces bella, a veces deteriorada. Resplandeciente y gastada. Así son las ciudades, así somos las personas.

Mosaico en la tradicional calzada lusa del barrio lisboeta de Alfama representando el rostro de Amália Rodrigues por el artista portugués Vhils. Fotografía de Silvia Martínez

Sucede que cuando cae la noche, las estrellas regalan su huella y recuerdas a esa persona que un día te dijo adiós. Ocurre también que cargas con el peso de las palabras, las risas, los versos, las heridas y el sabor del dolor. Sucede que se van encendiendo las luces de las calles y Alfama se torna mágica e irreal, y en su deambular es inevitable no pasar por la puerta de un restaurante en cuyo cartel no se lea “fado en vivo”. Es entonces el momento de prepararse para vivir una noche sin estridencias, directa al corazón del alma portuguesa. Quedémonos a pasar una bonita velada en Lisboa.

Pero de tradición no solo vive Alfama, también lo hace la Mouraria, donde el destino ha vivido. La ciudad canta en ambos barrios su canción. Lugares de nostalgia en los que se interpreta la melancolía del fado y donde ahogaban, en oscuras tabernas, sus penas los navegantes del mundo.

El Museo del Fado. Ubicado en el barrio de Alfama. Inaugurado el 25 de septiembre de 1998. Imagen de Dicas de Lisboa.

¿Se percibe mi sosiego y disfrute lento?

“Toda poesía -y la canción es una poesía ayudada- refleja lo que el alma no tiene. Por eso la canción de los pueblos tristes es alegre y la canción de los pueblos alegres es triste. El fado, sin embargo, no es alegre ni triste. Es un episodio de intervalo. Lo formuló el alma portuguesa cuando no existía y lo deseaba todo sin tener fuerza para desearlo,” escribió el poeta Fernando Pessoa, publicado en O Notícias Ilustrado de Lisboa el 14 de abril de 1929.

El fado de Lisboa se queda revelado en sus múltiples estilos musicales -tradicional, fado musicado, fado de los Teatros de Revista, marcha popular- como también las particularidades poéticas, los temas y la evolución histórica. A través de un diálogo bien humorado, los espectadores llegan a conocer lo que distingue el fado de Lisboa, del fado de Coímbra, lo que quiere decir “improvisar” y los papeles distintos de la guitarra portuguesa, de la guitarra española y de la voz.

Me preguntas ¿qué es el fado? El fado es misterio…es hado.

El fado es alegría y llanto si unes la guitarra al canto en voz de Amália Rodrígues. También es un barquito que resiste entre el oleaje y la calma. Es un estado del alma. El fado es emoción.

Lo que puede decirse con certeza es que el fado siguió el habitual camino de los géneros populares que hoy continúan vivos. Su origen parte de las capas sociales inferiores para posteriormente ser absorbido y modificado por la burguesía y la intelectualidad.

Su origen parte de las capas sociales inferiores para posteriormente ser absorbido y modificado por la burguesía y la intelectualidad.

Nacía a mediado del siglo XIX en las callejas y tugurios de Lisboa, encontrando su sitio puertas adentro, donde se iba a desarrollar gracias a las denominadas “casas de fado” en los años 30 del pasado siglo. Estas casas de fado todavía existen y se multiplican, pero el siglo XX le tenía reservado a este género musical un espacio más imponente: los teatros.

Lisboa brinda la oportunidad de experimentar la emoción del fado en un entrañable lugar situado en el corazón de la ciudad, en pleno Bairro Alto. A Tasca do Chico, un espacio con raíces e historia, la cual puede comprobarse si nos detenemos en sus paredes, recubiertas con fotografías de fadistas. En este pintoresco y acogedor local convergen la sencillez melódica, las imágenes poéticas, las sugerencias llenas de contención y las combinaciones de palabras de gran sutileza junto a la tradicional viola, la guitarra portuguesa y la voz, creando un clima sonoro para que el fado fluya.

Fado bar A Tasca do Chico. Cristina Mirete.

Una tasca con mesas grandes de madera para compartir con gente de todas partes, sobre todo con portugueses de pura cepa. Allí se puede aprender algo más de esta fascinante música, como que Amália Rodrígues fue la más sublime y magnífica representante del Fado, o que ahora el nombre que suena sin descanso es el de Carminho.

En palabras de Camané, uno de los cantantes más importantes del panorama actual, lo auténtico solo se renueva con cada pequeña aportación de cada intérprete, siempre que la música sea fado, la interpretación sea profunda y el espíritu sea fadista”.

Se supone que por edad pertenezco a la “generación del milenio” y eso implica que la tecnología sea una herramienta fundamental, que en el día a día beba de internet, que mi dispositivo móvil y los medios sociales invadan mi vida y que el descontento y la desconfianza en generaciones anteriores me defina. 

Tal vez lo que de verdad me defina sea un carácter un tanto ermitaño cuando de recogimiento musical y espiritual se trata. Por ahora me valdré de la maravillosa tecnología y de la utilidad de internet para compartir mi fascinación por el Fado con quien pueda permitirse el lujo de perder algo de tiempo leyendo estas líneas y optaré por quedarme en Lisboa, tengo una mesa reservada para deleitarme con la voz de los fadistas. Puedo haceros hueco.


Fotografía de portada: Azulejo decorativo en Sintra. Portugal.travelguía