Entre el amar y el querer

  • Querer y amar, dos verbos separados por la intensidad de quién los ejerce. Victor García Villanueva explora el mundo de las emociones a través de la música de José José, recientemente fallecido.

Tal vez en el español que se habla en España no hay diferencia entre “querer” y “amar”; nunca estuve seguro de que la hubiera el tiempo que viví en ese país. Pero en el español de México, el que mamé de mi madre, “querer” y “amar” entrañan una diferencia absoluta. Por lo menos, en mi casa, “querer” tiene la connotación de algo efímero. “Amar”, en cambio, tenía vocación de infinito. Ante la pregunta “Mamá, ¿me quieres?” recibía siempre un rotundo “No, yo te amo”. Ya entrado en la vida adulta, y a mi pesar, he sido incapaz de librarme de esa carga que es diferenciar entre el querer y el amar, pues quizás descansa en unas expectativas irreales.

Por mucho tiempo he sido capaz de ahogar, en la punta de la lengua, un “te amo”. Me ha poseído ese miedo a que mis palabras, las circunstancias o la alteridad no satisfagan las expectativas que me fueron inculcadas con esa palabra escurridiza y traicionera. Pero, a pesar de este miedo, sí he logrado expresar unas cuantas veces, abriéndome de par en par, un “te amo”. Las pocas veces que lo he dicho (a mis padres, a mi novia o a un amigo), el “te amo” venía cargado con la misma intención con la que mi madre me lo decía a mí. Pero también venía impreso con la angustia de que ese cariño, por la razón que fuera, se terminara un día.

“Amar y querer” de José José es, en el universo de la balada romántica, una reescritura laica de la epístola del amor de san Pablo.

Repasando la discografía de José José, quien apenas murió este 28 de septiembre y me atrevo a llamar el educador sentimental de México, me encontré con su canción “Amar y querer”. Esta canción es, en el universo de la balada romántica, una reescritura laica de la epístola del amor de san Pablo. Allí donde el apóstol dice que el amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta, replica José José que el que ama pretende servir y su vida la da.

Resulta sumamente provocador que José José haga en su canción romántica una distinción tan dicotómica entre “amar” y “querer”. El “querer”, dice, es “la carne y la flor”, “el oscuro rincón”. Parece de esta suerte que el “querer” responde, siguiendo su propia metáfora, a ese objeto oscuro del deseo. El “querer” no parece más que la satisfacción básica y casi instintiva de nuestros apetitos sexuales; por eso recalca José José que “querer” es “morder, arañar y besar”. En cambio, el “amar” según él no conoce final, pues tiene una aspiración más alta, que no se resquebraja frente a la menor adversidad.

José José en su juventud.

Guardadas las proporciones, José José replica inconscientemente la doctrina gnóstica de los cátaros, según la cual el mundo se rige bajo la luz y la oscuridad. El amor, según esta doctrina, no puede desapegarse del erotismo, y por eso mismo es condenable. Las pasiones de la carne atan al alma a la materia, a la oscuridad. José José entiende que el vuelo del “querer” está inescapablemente impedido por el lastre de los intereses, el tiempo, la conveniencia y el placer carnal. 

Pero al igual que los trovadores del S. XII, este impedimento casi intrínseco al amor conduce a su exaltación desgraciada. La lírica de José José, como la de sus antepasados en el inconsciente colectivo, dibuja un amor insatisfecho a perpetuidad. Me atrevo a pensar que el amor permanece insatisfecho, en las angustiantes letras de José José, porque está atado a una expectativa divina, inhumana. El amor en las letras de José José es tan absoluto como la muerte de Cristo para redimir a los hombres, y por lo tanto es igualmente lacerante e irrealizable.

José José, en el universo de la canción popular, reproduce sin quererlo, y acaso también sin intuirlo, uno de los mitos fundacionales de Occidente: el amor inhumano. Puesto en un lenguaje que se trasminaba con facilidad a las masas, José José fue un legítimo heredero de la trova medieval, que –para bien o para mal, esto es muy discutible– sigue marcando nuestras expectativas en el terreno sentimental.


Fotografía de portada: José José en la presentación de un disco. Años setenta.