Desde Rusia con ¿dolor?

  • Cristina Mirete se adentra en las profundidades del ballet ruso para describir las luces y las sombras de esta disciplina artística.

Lo primero que viene a la cabeza tras leer este encabezado es una película de James Bond, From Russia with Love (Desde Rusia con amor en España). Visualizamos a Sean Connery encarnando al agente 007 en el cartelismo del cine de los 60. Un cartel de película donde la fotografía cobraba protagonismo y dejaba la ilustración como acompañamiento del texto. 

Tras esta referencia cinematográfica, cuya razón de ser reside en hacer un juego de palabras, aclararé el porqué de mentar a la Madre Rusia. Vengo sin intención de hablar de la guerra fría. Tampoco de rusos y comunismo. No me meteré en el pantanoso terreno del KGB (organización de seguridad nacional de la ya desaparecida Unión Soviética), ni en redes de espías de ningún tipo. Nada de eso. Sin embargo, conocedora de como los humanos tenemos esa rapidez a la hora de estereotipar otros países y culturas, es que entono el mea culpa por haber caído en tópicos que debiera rechazar, y desde occidente, seguir convirtiendo a los ciudadanos rusos en los malos, los mafiosos y los espías de nuestras películas.

Lo que me resulta imposible es decir Rusia y no pensar en la danza. Hablo de un país repleto de cosas especiales que le hacen destacar, siendo una de esas cosas el ballet. En cualquier parte del mundo es común escuchar hablar del ballet ruso. Su fama ha trascendido los escenarios locales para situarse en lugares tan apartados como puede ser Asia o incluso el mismo continente americano, donde ha sido de gran influencia para las compañías de ballet nacientes. Tal vez encumbrar a Rusia a los más altos niveles de la danza sea también un estereotipo, aunque me aventuraría a negarlo, y afirmaría que se ha ganado esa popularidad con creces.

Compañía Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev

Desde Rusia parte mi escrito sí, pero la interrogación surge de un dolor físico muy particular, pues existe una agonía escondida detrás de unos bellos pasos de ballet.

Quisiera que quien me lea recree para sí una escena de baile clásico, y para ello es necesario trasladarse al Teatro Bolshói de Moscú. Uno de los símbolos de esta ciudad y de Rusia, famoso en todo el mundo. La Academia del Bolshói es la mejor escuela de ballet del planeta. Recibe el nombre oficial de Academia Estatal de Moscú de Coreografía y es una de las escuelas más prestigiosas. La emperatriz Catalina la Grande fundó la escuela en 1773 como parte del Orfanato de Moscú, donde los internos podían asistir a una gran variedad de clases que les permitían servir al Estado y vivir en base a sus obligaciones civiles, lo que incluía participar en bailes.

Quisiera que quien me lea recree para sí una escena de baile clásico, y para ello es necesario trasladarse al Teatro Bolshói de Moscú.

Bello ballet que no por bello libra a sus bailarines de vivir una guerra con sus pies. Las zapatillas de ballet pueden parecer tan delicadas como lo son las majestuosas coreografías que realizan. Sin embargo, esta delicadez es solo una sensación que nos llega como espectadores pues hay algo de corsé isabelino en ellas y refleja su severo propósito de equipar al bailarín o bailarina para hacer maniobras que escapan a las capacidades del ser humano.

El baile en puntas de pie revolucionó el ballet en 1832 cuando la bailarina Marie Taglioni (nacida en Suecia, pero de orígenes italianos) causó sensación en La Sylphide. Taglioni parecía andar sobre el aire alzada en las puntas de sus zapatillas de raso. Su talento se fue haciendo más conocido, empujando a los coreógrafos a explorar las amplias posibilidades de bailar en puntas de pie, posibilidades que obviamente entrañaban riesgo. Este hecho condujo a que los zapateros endurecieran las zapatillas de ballet desde el interior con capas de tela y pegamento.

Marie Taglioni (1804-1884) se convirtió en la bailarina más importante de su época gracias al estreno del anteriormente referido ballet romántico La Sylphide. Dicho estreno tuvo lugar en la Ópera de París el 12 de marzo de 1832. Fue primera bailarina de la Académie Royale de Musique de París, y por supuesto bailó en el Bolshói. Su tumba en el parisino cementerio de Montmartre recibe el tributo de bailarines de todo el mundo que acuden a depositar sus zapatillas.

La tumba de Marie Taglioni cubierta con zapatillas de ballet, en el cementerio de Montmartre.

El trabajo de puntas es el más célebre y tradicional distintivo de los bailarines clásicos. Las puntas son el secreto de su gracia y encanto, aquello que les convierte en un ser sobrenatural y fantástico. Detrás del trabajo de puntas existe un gran esfuerzo físico y técnico, además de un arduo entrenamiento.

Mis experiencias en el ballet pese a haber sido escasas, me han permitido acercarme a esa disciplina que es la danza. Una disciplina bella, hermosa, mágica, caracterizada por movimientos vigorosos y enérgicos, por las posiciones extremas que realiza el bailarín de turno con sus pies. He visto esa proeza artística que trasciende lo terrenal, también he sentido dolor. Dolor al mirar. He asistido al prodigioso espectáculo de observar un pie durante mucho tiempo apoyado sobre las puntas de los dedos. Insisto, lo he disfrutado, pero hay mucho dolor. Esto no puede ser obra de mortales. Todo sea por el arte.

Técnica rusa

La historia del teatro y la danza en Rusia es inagotable. La búsqueda por la excelencia en este arte ha hecho de esta tradición una de las más reconocidas en todo el mundo. Bolshói, que significa grande, fue desde sus inicios el Ballet símbolo de la cultura y el Estado rusos. La Escuela del Bolshói es una fábrica de talentos rusos y extranjeros.

Los hay quienes concebirán la escuela como un sueño mientras otros se darán de bruces por su extremadamente sacrificada vida. No cualquier persona está capacitada para soportar tanto nivel de exigencia y concentración. Es un esfuerzo que podría tacharse de sobrehumano. La pasión por la danza decidirá, continuar o abandonar. Cuesta, duele y si deseas dedicarte a ello debes luchar. 

Siendo como es el idioma del ballet un idioma global, en la Academia Estatal de Coreografía de Moscú (Bolshói) la algarabía y bullicio de los pasillos se llena de multitud de acentos. No ingresan únicamente alumnos rusos, aunque lo son en su mayoría, sino que cuenta también con bailarines foráneos, representando un importante número. La Escuela del Teatro Bolshói es una fábrica de talentos con requisitos muy rigurosos.

Mural homenaje a Maya Plisetskaya en el centro de Moscú. Obra del artista brasileño Eduardo Kobra.

Entrar no garantiza el paraíso. A lo largo de los años serán muchos quienes se queden en el camino debido a las lesiones o ante la imposibilidad de lidiar con la durísima dedicación que implica esta carrera.

Se dice de los rusos que son perfectos y bailan con el corazón y que representan el verdadero concepto de bailar. Lo sienten y lo transmiten. Enseñan a bailar desde dentro, del alma hacia afuera. 

Las cinco mejores escuelas de danza clásica del mundo se estructuran como si de una matrioshka se tratase. La popular muñeca rusa que muchos de nosotros tenemos en casa por considerarla un objeto pintoresco, consiste en un conjunto de muñecas tradicionales cuya originalidad reside en que se encuentran huecas. En su interior albergan una nueva muñeca, y esta a su vez a otra, hasta un número variable. Se me ocurre establecer una especie de símil con la clasificación de las mejores escuelas de danza para así organizar a las mejores academias de ballet del mundo. La muñeca más grande que aglutina al resto sería La Academia de Ballet Bolshói en Moscú. A continuación, le seguiría en importancia (y en tamaño si continuamos con este paralelismo de las muñecas) The Royal Ballet School en Londres. La Academia Vagánova de Ballet de San Petersburgo, Escuela de Danza de la Ópera de París y por último The School of American Ballet de la ciudad de Nueva York. No es sorprendente que Rusia sume dos “muñecas”.

Matrioshkas de madera, ballet ruso
Las intrigas del Bolshói

Comencé advirtiendo sobre mi distancia respecto a cualquier tipo de controversia política relativa a Rusia. Cuán equivocada estaba en lo que a mis primeras intenciones se trataba. Se pone una a indagar sobre el Teatro Bolshói y acaba salpicada de las tramas y rivalidades que, entre bambalinas, han tenido allí lugar. Los escándalos y misterios han perseguido a esta legendaria institución, tesoro y símbolo de Rusia y de su cultura, prácticamente desde su creación en 1776.

Maya Plisétskaya, principal bailarina del Bolshói durante los años 60, fue la primera en escribir acerca de las intrigas en el seno del teatro. Fue a través de sus memorias donde compartió cómo el Partido Comunista imponía sus postulados ideológicos al colectivo artístico utilizando para ello al KGB y enfrentando a los bailarines entre sí. Denunció Maya cómo se veían rescindidos los contratos de quienes no se atenían a la línea oficial, así como las diversas trampas que le tendieron los que anhelaban ocupar su lugar.

A través de las memorias de Maya Plisétskaya supimos que el Partido Comunista imponía sus postulados ideológicos al colectivo artístico utilizando para ello al KGB y enfrentando a los bailarines entre sí

Parece ser que el gran maestro Yuri Grigoróvich, quien fuera director artístico del Bolshói entre 1964 y 1995, desempeñó un papel esencial en la instigación de aquellos desmanes, convirtiéndose de ese modo en una figura de lo más polémica. Sin embargo, nada de esto pareció ser suficiente para enturbiar su inmensa contribución a la fama y gloria del Bolshói. La importancia de su legado creativo es gigantesca.

Dentro de esta vorágine de luchas internas (donde existe un gran peligro derivado de los celos profesionales cuando de obtener los mejores papeles se trata) conviene recordar el despiadado ataque con ácido sulfúrico que el director artístico del Bolshói, Serguéi Filin, sufrió en su rostro en el año 2003. Uno de los principales bailarines del teatro confesaba el ataque que casi dejó ciego al director. No le bastaba con ser villano en El lago de los cisnes, también decidió interpretar ese rol a la vida real.

En la película El cisne negro el personaje en cuya piel se mete Natalie Portman nos muestra a una mujer obsesionada por llegar a ser la primera bailarina, lo que la conduce a enfrentarse a las absurdas presiones psicológicas de sus competidoras que acaban incluso provocando que se hiera a sí misma. La cinta nos traslada la sensación de que el mundo del ballet está lleno de traiciones, celos extremos y una competencia feroz.

Por ahora no hay prisas ni barullo y puedo notar el impresionante silencio detrás del escenario. Grandes batallones hacen posibles ballets colmados de magia, El lago de los cisnes, Romeo y Julieta, El cascanueces, Giselle, Don Quijote, Cenicienta…Todos y cada uno de sus participantes se dedican a preservar un estilo tradicional y romántico. El resto, conspiraciones y enredos, continuarán sirviendo como guiones para más películas.

Retrato de Alejandro II en el Teatro Bolshói incluido en el álbum de la coronación.

Imagen de portada: Gorrión Rojo (Francis Lawrence, 2018)