Así habló Tarquinio: House of Cards y la sucia política

  • Nuevo artículo de Rubén Herrera en su serie “Así habló Tarquinio”. En esta ocasión, compara la situación política actual con la conocida serie protagonizada por Kevin Spacey.

La política es un mal animal de compañía. Quienes tenemos gatos sabemos que, salvo sorpresa, hay que darles de comer y rascarle la barriga hasta que nos muerdan y se vayan; a otros les toca pasear tres veces al día a su perro. En cambio, la política nunca te brinda un momento de paz, de parsimonia, de pelos en el sofá.

Buscando dicha compañía en la política he ido a parar a House of Cards. Lustro y pico después de su estreno y con Kevin Spacey defenestrado, decidí de nuevo (porque ya lo probé antes) abrir Netflix y ponerme el primer capítulo. Y al día siguiente el segundo; y el tercero… Llevo así pasada la media temporada, por lo que puedes imaginar que empecé la serie hace una semana. Poco tiempo para una buena crítica.

Como yo quiero hablar de política y la autocensura (pues censuran censurarme) de Pílades no me deja, no he encontrado mejor excusa que parlotear de House of Cards: Kevin Spacey encarna a Frank Underwood, congresista madeinUSA sin coleta que, sin ser una Moira, mueve los hilos del hemiciclo ficticio estadounidense. Un halo de bohemia le une a su mujer, ONGeísta, y a un amante que hace del periodismo lo que todos hemos soñado ser.

Yo me imagino a Tezanos en esos momentos en que tratan de dirigir la campaña de Peter Russo, calvete drogadicto y alcohólico que quiere ser Gobernador de Pennsylvania. Y me imagino a Pablo Iglesias alzando a los sindicatos de profesores. Y a Albert Rivera cabizbajo jugando a ser las dos manos de la Capilla Sixtina. Garret Walker, presidente, es Pedro Sánchez en persona, icono sexual incluido.

No hay mejor momento que Frank hablándole a la cámara, de tú a tú, como metáfora de sus propios pensamientos, como forma de enseñar que el mundo lo dirigen aquellos que saben adelantarse a los demás: los guionistas. Define la serie, define incluso la propia política. 

Prometo, pues estamos en precampaña electoral, que si algún día logro acabarla, traeré una crítica como merece.