Rafa Latorre: “El procés ha llegado todo lo lejos que la izquierda lo ha dejado”

  • Rafa Latorre ha escrito un libro necesario. Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido es una crónica trepidante de los sucesos producidos durante el otoño de 2017. Una prosa que nos regala la memoria. Pepe Pérez-Muelas Alcázar ha conversado con él.  

Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido. Dos años después, habrá que jurarlo para que la gente pueda creerlo. La memoria es un sistema frágil que nos reconcilia con la verdad. Todo proceso histórico tiene su cronista, y el procés catalán y los acontecimientos que lo rodean han encontrado el suyo. Es el libro del periodista gallego un relato apasionado y justo de aquellos días en los que el mundo volvió la vista hacia Cataluña. Es también un ejercicio exquisito de objetividad, tan revestida de ironía. Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido. Habrá que leer a Rafa Latorre. Una vez más.

¿Qué te lleva a escribir Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido?

En el fondo lo que me lleva a escribirlo es la estupefacción. En EL MUNDO me habían encargado un reportate sobre los momentos más delirantes del procés y también me guié a su vez por un hilo de Twitter de Roger Corcho (hombre que ha sufrido el nacionalismo y que ha sabido digerirlo) y me puse a la tarea de escribir este libro. El título tiene una doble intencionalidad: por un lado mostrar esa estupefacción; y por otro, vaticinar ese tiempo político en el que tratarán de cerrar las heridas con el armisticio del olvido. Tratarán de quitarle hierro a lo que ha ocurrido para poder recomponer la convivencia bajo un procedimiento que yo considero perverso que es exonerando a los que la han quebrado. Ese hecho va tomando forma a medida que voy escribiendo el libro. 

He vuelto hace poco a él. La intención era que saliera con el primer aniversario del procés, el 1 de octubre. Y un año después, en este segundo aniversario la crónica sobrevive muy bien. Los hechos siguen siendo igual de sorprendentes y ya han empezado a escucharse las voces que tratan de convencernos de que lo que vivimos no fue tan grave. 

¿Es el nacionalismo una religión?

Tiene mucho que ver. Empiezo hablando de Dios y de las leyes viejas y no es ocioso. Hay una vinculación bastante interesante y no solo a nivel institucional. No hay nada más poco cristiano que la política de exclusión que propugna el nacionalismo. Pero hay una serie de engranajes que funcionan de manera idéntica entre el fervoroso religioso y el fervoroso nacionalista. Creen en un pasado mítico. Proyectan un futuro donde les espera un paraíso o una vida mejor. Y a la vez desconfían de las cuestiones materiales para centrarse en abstracciones como la tierra, una especie de espíritu nacional. Se encuentra bastante cómodo en el sistema religioso el nacionalismo. A mí me ha ayudado bastante a entender el funcionamiento el historiador Francisco García de Cortázar, precisamente porque él es un hombre de Dios. Tiene una frase que cito de memoria: “Allí donde hubo carlismo, hay curas y hay separatismo”. Y hay una vinculación muy interesante. En el País Vasco la Iglesia jugó un papel esencial en la propagación del nacionalismo. Es una forma de vertebrar el movimiento. Es curioso como el 1 de octubre las iglesias servían como escrutinio de las urnas de plástico. Luego, en Cataluña se da una característica esencial: si superpones dos mapas de la región encontrarás que donde el carlismo estaba más arraigado hoy hay feudos nacionalista. En las elecciones del 21 de diciembre que convoca Rajoy tras el 155, se produce una decantación. Hasta ese momento, los españoles habían asociado al nacionalista con una especie de avaro que solo buscaba el pacto fiscal. Tras las elecciones no. Había un carácter identitario muy fuerte. Había mucha gente que estaba dispuesta a empobrecerse por la causa nacional. 

Una parte de los medios españoles decidieron transigir con los caprichos del nacionalismo con tal de no ofender.

¿Cuál cree que ha sido el papel de los medios de comunicación en el procés?

En Cataluña lo tenemos todos bastante claro. Allí conviven dos circuitos mediáticos: uno es el del inframundo nacionalismo, que son esos digitales absolutamente disparatados que suponen una religión de estado, que es el nacionalismo. No tienen el más mínimo decoro a la hora de aplicar las normas más básicas. Y luego está una especie de posibilismo fetén, que son cabeceras muy prestigiosas, pero que han dependido de las subvenciones de la Generalitat. Y se han comprado las lealtades. El nacionalismo y su poder de atracción sedujeron a una parte importante de la intelectualidad. 

Y luego tenemos el caso español, que se ha estudiado menos. En España, el miedo que invadió a la política también afectó a los medios. Una parte de esos medios decidieron transigir con los caprichos del nacionalismo con tal de no ofender o porque consideraba que era la mejor forma de apaciguar los ánimos. Si uno repasa lo que ha sido la prensa de Madrid desde la restauración de la democracia uno puedo comprobar como se va filtrando la cosmovisión del nacionalismo a través del lenguaje

Hablas de la otra Cataluña. ¿Pero dónde ha estado durante todo este tiempo?

El 8 de octubre esa otra Cataluña se descubrió a sí misma. La otra Cataluña sucumbió a lo que se denomina la paz del consenso. El nacionalismo impuso un sistema de control social muy eficaz. Una especie de biosfera delicada en la que el discrepante no podía comparecer. Y eso unido a una serie de complejos por la dictadura, porque no se atraviesan cuarenta años de franquismo en vano. Ha costado mucho sacar las banderas españolas en Cataluña y todavía cuesta hoy en día. Pero es interesante lo de la paz del consenso porque igual que en el País Vasco la experiencia terrible del terrorismo obligó a una serie de gente a vertebrar un movimiento heroico y no poca sangre derramada, en Cataluña ese dominio se produjo de forma silenciosa. Casi sin darse cuenta. Y eso también es terrible. Descubrías que había una cantidad de exilios internos enormes. Y muy indeseables. El procés tuvo algunas virtudes. Y una de ellas fue que permitió aflorar todas estas cuestiones. Hasta que el procés no hace que se caigan las máscaras del nacionalismo en Cataluña se producía un dominio muy apacible. Es cuando descubrieron lo que escondía la revolución de las sonrisas. 

Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido. La esfera de los libros.

¿Se parece, en ciertos aspectos, lo que sucede en Cataluña a lo que se vivió en el País Vasco en los años ochenta?

Hay un hecho innegable: la violencia no surge de repente, de la noche a la mañana. Decía David Mejía en THE OBJECTIC que uno no se despierta un día y el vecino le pone un parabellum en la nuca. Se produce una lenta tarea deshumanizadora. Las instituciones utilizan un discurso exculpatorio de la violencia. Pero cuando esta toma inercia ya no se puede parar. Uno de los mitos que el nacionalismo ha conseguido imponer es que fue pacífico porque no se ha cobrado víctimas. Pero es curioso que el independentismo ha tenido en su vanguardia una de las bandas terroristas más torpes de la historia de Europa, que tiene además el récord de que murieron más integrantes tratando de fabricar explosivos que víctimas. Y hablamos de Terra Iure. Y existió también EPOCA.

Pero parece que esa militancia salió gratis. Ahora mismo hay muchísima más censura social a los que tienen un pasado etarra que a los que integraron movimientos violentos en Cataluña. Eso tiene mucho que ver con la paz del consenso. Evidentemente no se está produciendo en Cataluña lo que se produjo en el País Vasco en los ochenta, ni de cerca. Pero hay que tener cuidado con las inercias de la violencia. Nunca antes en el País Vasco el gobierno salió en auxilio de unos detenidos acusados de terrorismo. Hay motivo de preocupación.

¿Qué es la equidistancia?

Arcadi Espada lo define muy bien: entre la muerte y la vida elegir la enfermedad. La equidistancia es una forma imposible de vida que algunos han impuesto por cobardía o por coquetería intelectual. Y en la esperanza incluso de mejorar en una vida futuro, porque si no es difícil de explicar. Es creer que la verdad está situada en el punto intermedio entre dos mentiras. Y eso no es así. Si algo ha demostrado el caso catalán es que una parte tiene toda la razón y no se lo cree del todo, y la otra no la tiene para nada, pero asume todas las certezas. Los equidistantes también se llamaron así mismo como “terceristas”, y hay algo que no llegué a poner en el libro pero que pienso. El tercerista es el que cree o asocia todo lo ocurrido a cualquier cosa menos al nacionalismo. Siempre hay una causa extraña a que se quieran independizar y no aceptan que el nacionalismo tiene un poder de seducción y es una ideología tan malévola que puede inocular en los pueblos el virus de la autodestrucción.

¿Es la izquierda equidistante con el tema catalán?

Ese es el problema en España, que el eje izquierda-derecha está completamente pervertido, hasta el punto de que un partido que lleva en su lema “Dios y las leyes viejas” para a ser el colmo del progresismo. Esta divisa del PNV pasaría por ser la síntesis perfecta de un reaccionario en cualquier otro país. 

España está llena de anomalías y esta es una de ellas. No sólo se considera que el nacionalismo no es reaccionario (e incluso hay quien lo tilda de progresista), sino que además la ubicación geográfica entre izquierda y derecha la determina la relación del que habla sobre la soberanía nacional. Es tremendo. Cuanto más laxo eres a la hora de transaccionar con la soberanía nacional, más de centro eres. Esto lo estamos viendo en el PP. Resulta que los de centro son lo que asumen con más naturalidad y menos traumáticamente el discurso nacionalista y los de derechas son los que atacan el nacionalismo en pro de una igualdad de todos los españoles. Es algo que ha pervertido la manera de mirar y ubicar a los políticos españoles.

Esto es algo de lo que tiene mucha culpa el PSOE. Sucedió el día que Coscubiela se convierte en el héroe nacional por, al fin, decir que la ley de Transitoriedad de septiembre es algo que ataca directamente a la soberanía de todos los españoles y es la puerta hacia la autocracia. Se convierte en el héroe nacional por decir lo que llevaban diciendo muchos desde hacía meses, y a mi me convence que el procés ha llegado todo lo lejos que la izquierda lo ha dejado porque la izquierda, con su capacidad de legitimación y de formación de las consciencias se hubiera empeñado, el procés no hubiese llegado a la vuelta de la esquina. En España, el lado correcto de la historia sigue limitado a la izquierda. Esto tiene que ver con la historia de la dictadura. Pero es verdad que la izquierda podría haber hecho una labor pedagógica del nacionalismo si hubiese querido, que lo dejaría en cueros.

Considero que el PSC sufre una mutación que es letal para los españoles, cuando Maragall deja de ser el gran alcalde de Barcelona y quiere convertirse en el libertador de los catalanes.

En el libro apuntas a que es el PSC el que prende la chispa. 

No. Mira, hoy Christian Campos dice una cosa interesante: “Considero que el problema estructural de Cataluña es el PSC”. Yo no llegaría tan lejos. Considero que el PSC sufre una mutación que es letal para los españoles, cuando Maragall deja de ser el gran alcalde de Barcelona y quiere convertirse en el libertador de los catalanes. Barcelona había sido la urbe que había resistido al canto de sirena del nacionalismo, un territorio completamente reactivo a ese discurso y un territorio de libertad, una ciudad abierta, culta, educada, que no se había dejado embaucar por estas cuestiones casi espirituales y religiosas del nacionalismo.

Y sin embargo, Maragal cuando llega a trabajar por un nuevo estatuto hace mucho más por la demolición de la causa constitucional de lo que harán sus sucesores. Montilla concluirá diciendo que un hombre de Córdoba en ningún caso podría ser acusado de nacionalista ni de tibio.

Creo que el PSC ha sido terrible y devastador. Los dos tripartitos allanan el terreno para lo que viene después. La teoría de la desafección, que en el fondo es un legado de la izquierda al nacionalismo, es profundamente supremacista, pues quiere decir que frustración de los catalanes es mucho más importante que la del resto de españoles. Un extremeño puede estar frustradísimo porque sus infraestructuras, efectivamente, son una mierda, pero un catalán considera aun más inaceptable que no se reconozcan sus aspiraciones nacionales.

El PSC tiene una redención muy complicada porque su discurso, que en un día comenzó como mentiroso, ha terminado por convertirse en verdad después de tanto repetirlo. Se parece ya más a Esquerra Republicana que al PP o a Ciudadanos. No debería ser verdad, no era verdad y se ha convertido ya en verdad.

Resulta muy interesante cuando haces alusión a Hemingway y Orwell como representates de la prensa extranjera. Pero, en la prensa nacional, ¿hay también Hemingways y Orwells?

Sí. De hecho, en muchas ocasiones nos quejamos de los corresponsales extranjeros que nos envían cuando nosotros como enviados especiales nos hemos comportado con la misma ignorancia absolutamente atrevida a la hora de juzgar a otros países. 

En España hay muchos Hemingways. No es algo único de España, pero aquí el periodista tiene un miedo terrible a la soledad. Pero la soledad es muy necesaria para pensar. En Cataluña la soledad es especialmente dura

Lo que me lleva a hablar de la prensa extranjera es que está muy mitificada a causa de nuestros complejos de la dictadura. Nos da la impresión de que los medios extranjeros deben marcar la pauta y que nosotros somos una especie de ridículo y eso no es verdad. Si te pones a analizar el papelón que hicieron algunos medios extranjeros a la hora de analizar el procés… se te caen todos los mitos e incluso ídolos de la carrera.

El New York Times.

Por ejemplo. Aquí nos quejamos de un fuerte discurso posmoderno de guerra cultural que está desplazando a la tradicional lucha de clases en el imaginario de la izquierda. Y sin embargo, esto empieza en EEUU. A veces, cuanto menos se lee la prensa extranjera, más se la venera. 

Luego también hay ejemplos verdaderamente extraordinarios. En Liberation se publicaron algunas tribunas maravillosas como también las hubo en el Frankfurter Allgemeine. No todos fueron Hemingways. 

Curiosamente entre los enviados especiales sí abundó el que quería vivir aquí la Guerra Civil que le había hurtado la historia y su propia biografía y encontró la España que venía buscando gracias a un equipaje intelectual muy limitado. Pensaban que iban a entrar en el claustro de la Universidad de Salamanca y se iban a encontrar a Unamuno y Millán Astray, pero se encontró algo totalmente diferente. 

Rafa Latorre. Fotografía cedida por el propio autor.


Recuerdo las declaraciones de Roberto Saviano aquellos días de octubre aludiendo a la violencia del Estado y posteriormente hablando de presos políticos…

Hay un hecho tremendo en el ejercicio del periodismo, que es cuando se te aflojan los muelles. El periodista necesita de una tensión vigilante. Y esa tensón se mantiene cuando lo que dices importa. Creo que a uno le hace mejor estar en una cabecera más leída, y eso no te quita libertad. Sino que te obliga a ser más exigente contigo mismo. Cuando estás hablando de un tema al que la mayoría de tus lectores le presta una atención superflua te puedes permitir mucha filigrana. Gente muy inteligente, con la cabeza bien puesta que en otros aspectos han mostrado una lucidez clara, en otros temas más lejanos se pueden permitir una cierta coquetería, incluso cierta pereza. Y eso no quita para que Saviano siga siendo un tipo estupendo con unos análisis fantásticos en el tema de la mafia.

¿Torra es lo mejor que le ha pasado al constitucionalismo?

Torra es lo peor que le ha pasado a la propaganda del nacionalismo.

¿Y Sánchez es lo mejor que le ha pasado al nacionalismo?

No. Sánchez es un hombre con los principios muy anchos. Puede ser el más feroz constitucionalista, el rojigualdo más salvaje o puede ser el tipo más equidistante del nacionalismo. Puede hacerse acompañar a la misma vez, hablando de Cataluña, de un relator y de un campeador. Porque no tiene principios. Nunca sabes qué Sánchez te va a tocar.

Lo sucedido estos días, ¿te da la razón en lo escrito en esta crónica?

Modestamente te diré que sí. El libro ha envejecido muy bien. Pero escribir sobre el nacionalismo en Cataluña tiene una ventaja: en el fondo ha sido lo más trasparente que ha sucedido. Quien se ha querido engañar lo ha hecho, porque todo estaba explicado y dicho. Los CDR vienen de una sección radical de las CUP, que ya es mucho decir. Quieren formar grupos autónomos no jerarquizados que lleven a la calle la lucha que hasta ese momento mantenían las instituciones. Está todo explicado. A la hora de escribir el libro, me iba dando cuenta que el procés no es más que el cumplimiento de una promesa. En 2007 Artur Mas dijo que el estatut no era más que una estación de paso, y no de destino. Estaban afirmando que había un destino manifiesto de Cataluña que era independizarse de España. Y nadie lo quiso escuchar. Y mientras tanto, en España, la gente hablando de desafección. Nadie sabría decir ahora mismo cuáles fueron los artículos purgados del estatut. El problema del nacionalismo es que no se la ha escuchado. Y siguen anunciando sus pasos. Y eso es tremendo. 

¿Han comparado ya tu libro con el de Arcadi Espada?

No. 

Pues se lo voy a hacer yo. Son dos libros en un espejo. Uno lee Contra Catalunya y encuentra la semilla de lo sucedido estos años. Su libro, Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido, es el resultado. La formalización del proceso independentista.

El cabrón de Arcadi Espada siempre tendrá la virtud de haberlo escrito veinte años antes.

Muchas gracias por atendernos y por escribir este libro.

Gracias a vosotros.


Fotografía de portada: Rafa Latorre en los estudios de Onda Cero. Cedida por el autor.