Así habló Tarquinio: el periodismo y las batallas

  • Algo se quedó dentro de Rubén Herrera que vuelve al tema de House of cards. El periodismo, ese punto intermedio entre la verdad y la literatura. 

Al escribir mi última columna pasé muy por alto la labor de Zoe Barnes. A pesar de haber pecado y escrito más de 50 palabras de las estrictamente necesarias, ninguna de éstas fueron a parar a dicho personaje. Y el rol interpretado por Kate Mara da para hablar muchísimo, máximo teniendo en cuenta el año en que se presenta la situación.

La tecnología ha moldeado completamente nuestra forma de ver el mundo. El periodismo, por tanto, no ha sido menos. Nos ponemos románticos al imaginarnos un domingo, temprano, yendo a comprar el diario, de igual manera que un romano del siglo seis antes del año 2 a.C. soñaba con los tiempos del abuelo del aquí titulante. 

En el Washinton Herald escribe Zoe. Las ventas caen, la peña no compra lo impreso. Tío, démosle más caña a la prensa digital, déjame publicar ahí. Venga ya, todos sabemos que es una moda pasajera, que la gente volverá al periodismo serio. No. Despedida. Algo así. Seriedad igualdad papel. 2013. Razón no le faltaban a los dioses de la serie: en 2019 la prensa escrita está firmando el testamento. Salud.

Las cabeceras se reinventan, buscando la forma de costear el juego. Reacias, pocas son las que, más allá de la publicidad, cobran por hacer su trabajo. La calidad desaparece. La cantidad crece. El espacio ilimitado mata la imaginación. Incluso he leído artículos de opinión con argumentos basados en “creo que”, “pienso que”. Raro no leer “creo de que” o “pienso de que” andando los tiempos que corren.

Nos falta el cruel consuelo de encontrar periodismo al uso, periodismo “in situ”. Pedro J. nos está matando. Crece 5W, vive National Geographic. El periodismo no se hace, el periodismo se pelea, se busca, se encuentra y, sangrando, se disfruta. Trabajo y juego. Suciedad. Como Zoe Barnes.