Así habló Tarquinio: La poesía y el arte

  • Rubén Herrera, a vueltas con la poesía, el arte y la historia. ¿Qué queda de las tres? Tarquinio tiene este sábado la pluma cargada de sutil veneno. 

Querido P.S.:

Tras ver sufriendo los disturbios en Barcelona y la inacción de Neo M. R. he llegado a una clarísima conclusión: la poesía ya no es lo que era. Es complicado, desde un sur sediento, evaluar el quehacer poético de nuestros días. El calor, como bien saben los expertos, nubla la mente y mata toda inspiración. Desde la Revolución Industrial estamos calentando el planeta y, frío primera parte del XX perdonante, desde el XVIII la poesía se acerca a su 476 deCé. 

Poesía viene del griego ποιέω, que viene a significar hacer. Pero tenemos que hacer con τέχνη, con técnica, con arte. Predomina el verbo fácil, la acción poética, escribir en los pasos de cebra, copiar frases en Instagram. La prosa poética era el Insomnio de Alonso, no los saltos de párrafo. 

La técnica era Quevedo. Decirle a Góngora en 11 sílabas métricas, ritmo incluido, que su nariz superaba a la de Benjamín Prado. Es cruzar el léxico, besar a la muerte para generar vida, mezclar dáctilos y espondeos para resucitar a Eneas y a Odiseo. Cantarle a las musas. Cantar. Plorar con sus ojos. Venir pura y desnuda. Manzanas de Tántalo.

Romper las tablillas en el Foro. Encender un puro. Perdonar a Fernando VII. Criticar a Filipo. Acabar con la República. Parar a Atila. Echar a Napoleón. Celebrar Dunquerque. Eso era poesía, querido P. S. Hacer. Homero hizo. Incluso Aquiles, que dejó de hacer, hizo. Hasta Johnson hace en estos tiempos de calor. Ay, Brutos. Y hacer no para ellos, hacer para que se recuerde, para los demás. Poesía.

R.H.