Así habló Tarquinio: sic Titus Livios mihi dixit (I)

  • Va a estar complicado esto de contar la Historia de Roma desde que se funda, Tarquinio.

Tengo la virtud de leer el futuro. La fama no sólo me ha otorgado el sobrenombre de Soberbio, sino que me ha brindado la cruel desidia del recuerdo, de lo que pasó y de lo que pasará, por más que ya hubiera ocurrido. La memoria de hoy y de ayer. Puedo pensar lo que otros pensarán. Incluso tengo la capacidad de ver lo que otros todavía no han visto. A Roma no la dejé caer. Roma creció gracias a mí.

Livio me lo dijo desde el principio. El siglo XIX, dicen. Tito fue el primer romántico. Recuerdo cuando, en una cafetería, me susurró: ego contra hoc quoque laboris praemium petam, ut me a conspectu malorum,  quae nostra tot per annos uidit aetas, tantisper certe, dum prisca  illa tota mente repeto, auertam.

A Roma no la dejé caer. Roma creció gracias a mí.

¿Qué me estás contando, Tito? Hastío de mi época, cansado del mundo que me toca vivir, en el que ser romano no es ser romano. Qué hacer sino mirar al pasado, desenterrar lo que ya ocurrió para tratar de recuperar mi ánimo. Al menos, que tanto trabajo me sirva para ganar votos. Quiero decir, volver atrás y explicar nuestros días.

Quizá a los lectores no les agrade que me marche tan lejos en el pasado, cuando sin duda prefieren conocer los hechos presentes. No te decía yo, Tito, te acuerdas, acuérdate, que Roma ya se está desmoronando, que mejor cantarle a la musa aquella que todavía nos hacía parecer fuertes. 

En cristiano: va a estar complicado esto de contar la Historia de Roma desde que se funda, Tarquinio. Que no sé si merecerá la pena, la verdad. Tito, al menos tendrás la satisfacción de haber contribuido, a tu manera, a contar cómo nació y maduró el anillo, digo la ciudad, que nos gobierna a todos.