Sueño con serpientes

  • La novela gráfica de Alan Moore Serpientes y escaleras es una mezcla entre tratado de simbología y crónica del viaje que todos emprenderemos. 

Queda el quimérico lector de este artículo avisado: aunque no lo parezca, este escrito trata sobre un cómic. O, como se les llama ahora que están mejor considerados, una novela gráfica. Serpientes y escaleras es obra de la enfermiza mente de Alan Moore, heredero ocultista del espíritu de Aleister Crowley. Y los “dibujos” se deben a su fiel compañero de juergas Eddie Campbell. Hasta aquí, todo dentro de los cánones. Pero el problema estriba en que no se trata solamente de un cómic. Al menos, no en el sentido estricto del término.

En la tradición hindú, la ficha es el alma del jugador, que debe evitar los vicios con forma de serpiente.

El título del libro, Serpientes y escaleras, responde a un juego de mesa hindú, universalmente conocido, en el que los jugadores deben hacer avanzar su ficha desde un extremo inferior del tablero hasta el extremo superior opuesto. Por el camino encontrarán escaleras que les pueden ayudar a subir de nivel, pero también serpientes que los harán caer. En la tradición hindú, la ficha es el alma del jugador, que debe evitar los vicios con forma de serpiente, y procurar, en cambio, las virtudes, simbolizadas en las escaleras. Las versiones occidentales sustituían las serpientes por toboganes o canaletas. Por lo tanto, Serpientes y escaleras es un juego (presentado aquí como un cómic) que hace referencia al alma humana, a la continua lucha del Bien frente al Mal, la Creación frente a la Destrucción.

Detalle de Adán y Eva de Albereto Durero.

En la Biblia Dios expulsa a los originales Adán y Eva del Edén por comer la manzana, movidos a ello por la traicionera serpiente (Génesis, 3:6), lo que asociará a la serpiente a la idea de mal en la cultura occidental. Pero su presencia no sólo se limita a la Biblia hebrea. En la cultura egipcia, por ejemplo, el mito de la Creación describe al dios-padre Ra ordenando las aguas del Caos que están habitadas por gigantescas serpientes. En el caso de los nórdicos, la serpiente mundial Jörmundgander vive con su cola dentro de la boca rodeando Midgard, y el día que se libere será el día también del Ragnarök o Juicio Final. La serpiente aparece en prácticamente todas las culturas: la Hidra de Lerna griega, la serpiente emplumada Quetzalcóatl azteca y su versión maya Kukulkán, el Yamata-no-Orichi japonés,… En el hinduismo son veneradas porque es una de las formas de representación de Shiva. Y, de nuevo en Egipto, se asociaban al poder de los faraones, que poblaron el Valle de los Reyes de lindas y peligrosas cobras. Existe un elemento común en lo referente a las serpientes, y es la ambigüedad con que estas suelen presentarse. A menudo representan tanto espíritus de destrucción como deidades protectoras. En nuestro edénico origen, por ejemplo, ya aparece como causante de la expulsión, pero al mismo tiempo es quien descubre para el ser humano el verdadero conocimiento al probar el fruto del árbol de la ciencia. La capacidad de mudar la piel las ha convertido en un símbolo de regeneración, tanto física como espiritual, de renacimiento. Vida y Muerte, al mismo tiempo. El Uróboros del tiempo eterno y circular, que es siempre uno pero es siempre todo. Por todo eso, Serpientes y escaleras es, además de un cómic, un tratado sobre la simbología de la serpiente en relación a las diferentes cosmovisiones históricas.

Existe un elemento común en lo referente a las serpientes, y es la ambigüedad con que estas suelen presentarse

Originalmente, la obra de Alan Moore fue concebida dentro de una actuación teatral única donde se representa el origen del universo. En ella había música y danza en vivo, interpretación, fuego,… y serpientes. Dividida en cinco actos, esta representación enlazaba un viaje, el mismo viaje que emprendiera Odiseo siglos atrás, que es, precisamente, el mismo viaje que hemos transitado todos los seres humanos desde entonces. El viaje confluye en un mismo punto geográfico, el Northampton natal de Moore. Es 1999, y el siglo XX agoniza. Por la Puerta de las Lágrimas han de pasar, en diferentes momentos de la historia, Oliver Cromwell, camino a poner fin a la guerra civil inglesa en el XVII, para acabar siendo exhumado y condenado; Francis Crick, descubridor de la doble hélice del ADN, que conforma a todos los seres vivos y que tiene forma de serpiente; los escritores John Clare y Arthur Machen, y el pintor Dante Gabriel Rossetti, quienes sucumbieron a los abismos de la desesperación y la locura ante la muerte de sus esposas; los prerrafaelitas Edward Burne-Jones y William Morris. El universo estalla en el Big Bang. Somos kilómetros de información contenidos en cada célula, enroscados como la serpiente de Midgard. Somos la Cábala que nos sueña en Malkuth. Una mujer danza desnuda sobre el escenario, frente a una serpiente. Atravesamos Baghdad a través de los cuadros de Richard Dadd, de los fotogramas de Georges Mélies, de las viñetas de Winsor McCay. Somos barro contemplándonos, pero el barro es bello, porque fue capaz de llegar hasta el Arte. Y, al final de este viaje en la vida, está Sión, la tierra prometida. Y entonces, Serpientes y escaleras era la entrada hacia una sesión de “magia real”:

El barro mira al barro, y comprende que es bello. A través de nosotros, el cosmos se mira a sí mismo, se adora a sí mismo, se rompe a sí mismo el corazón. A través de nosotros, la materia mira con la boca abierta su propio semblante mágico y sabe, incrédulamente, que sabe. Y sabe que es el universo.

Ignoro si a los lectores de este artículo les pasará, pero quien esto escribe no cree en la magia. Y, sin embargo, sé que el cómic Serpientes y escaleras no es únicamente un cómic, y que lo que más se acerca a su naturaleza es la magia. Porque este libro, como las serpientes, esconde mucho más de lo que aparenta.


Imagen de portada: Alan Moore, autor de la novela gráfica “Serpientes y escaleras”