Breve encuentro con José Luis Garci: “En El crack cero lo importante era la mirada”

  • José Luis Garci es una de las figuras más importantes de nuestra cultura y que haya vuelto a hacer una película es siempre una gran noticia. Julio Pérez-Muelas ha conversado con él con motivo del estreno de El crack cero en sus oficinas de NICKEL ODEON.

NICKEL ODEON es un lugar mágico en el cielo de Madrid, un paraíso de cine escrito y dirigido por José Luis Garci. Camino por sus pasillos y descubro un museo hecho de carteles de películas al que pertenecen muchos de mis mejores recuerdos cinematográficos. Sus paredes me hablan con la voz de madrugada de José Sacristán y miran a través de los ojos nostálgicos de Fiorella Faltoyano. Aquí la luz se convierte en un trazo milagroso de Vermeer y todo, incluso esa partida de billar con el mismísimo Paul Newman, transcurre con la velocidad de un tiovivo de los años 50.

José Luis Garci me espera al final de este recorrido en una sala abuhardillada junto a una escultura de Humphrey Bogart y dos máquinas de escribir que exhibe como si se tratasen del mayor de sus tesoros. Me saluda afectuosamente y no tardo en tener la sensación de estar frente a un amigo de los de toda la vida. Se interesa por mis días en Estados Unidos, hablamos de los placeres del bourbon y de cómo Gregorio Parra nos contó el oro olímpico de Fermín Cacho en Barcelona 92. Su conversación es imprevisible y torrencial, y lentamente se dirige hacia El crack cero, un territorio en blanco y negro que pertenece al cine de otro tiempo.

“Al principio pensé que El crack cero no podía salir bien porque ya no queda ninguno de los de antes. Ya no está ni Horacio Valcárcel, ni Gil Parrondo, ni Navarrete. Pero ha sido como si los romances de mayo-diciembre hubieran funcionado perfectamente, como le funcionó a Gary Cooper con Audrey Hepburn en Ariane

En esta película me he encontrado con un grupo de gente estupenda, “gentuza de la buena” como diría Howard Hawks.

Aquí me he encontrado un grupo de gente estupenda que podrían ser todos hijos míos y que al principio me llamaban de usted como tú. “Gentuza de la buena” como diría Howard Hawks. Pienso que todo ha ido muy bien y no he notado que estuviese seis o siete años sin filmar. Ha sido como si lo hubiese dejado la semana anterior.”

PREGUNTA: En las últimas semanas he leído algunas entrevistas a varios de los actores de la película y tengo la sensación de que usted les ha descubierto el cine clásico.

RESPUESTA: “Es que yo no sé hacerlo de otra manera. Yo he rodado siempre como empieza Balzac sus novelas: con lentitud, suave, haciendo que esa maquinaria poco a poco se vaya engrasando y de tal manera que una escena despierte la curiosidad de la siguiente. Creo que la velocidad está bien para un extremo izquierdo pero no para el cine. 

Me siento muy identificado con Sturges, Wilder, Mankiewicz que vienen del campo del guion como es mi caso. No son cineastas visuales, son más bien funcionales. Saben perfectamente que es más difícil escribir que rodar, y que tiene más valor una buena frase o una buena situación que poner la cámara en un determinado lugar. Y es así como a mí me gusta hacer las películas.”

Uno de los mejores momentos de El crack cero: una habitación de hotel, un dry martini y una noche para toda la vida. Fotografía cedida por José Luis Garci.

Encuentro a José Luis Garci satisfecho. No dejan de lloverle elogios por su último trabajo. La prensa de todos los colores ha aplaudido esta nueva entrega de El crack y su rostro de cowboy madrileño ocupa un lugar destacado en ese mundo de ordenadores y teléfonos móviles que él desconoce por completo. 

“Estoy muy sorprendido. Uno nunca está preparado para que le vaya bien. La película está funcionando, al menos en Madrid que es el territorio que yo conozco. He tenido mejores críticas que en otras ocasiones. Nunca me habían dado cuatro estrellas en las revistas especializadas. Debe ser que yo soy una persona mayor y no quieren meterse más conmigo. Pensaran que nunca le he hecho mal a nadie y que soy un superviviente.”

P. Ha dicho que es un superviviente. Esto significa que ha ido perdiendo a gente en el camino. ¿Ha echado especialmente de menos a Alfredo Landa?

R. “No lo he echado de menos. Esto es como cuando pensamos en El largo adiós y nos vienen a la cabeza Bogart y Mitchu. Aquí sucede lo mismo. Germán Areta es Alfredo Landa y también es Carlos Santos. 

El primer día le dije a Carlos que se olvidase de Alfredo. La parte de recuerdo para la gente ya se la dí yo: el niqui ajustado, la gabardina, el bigote, la manera de fumar. En esta película lo importante era la mirada. No se trataba de la mirada de Landa, se trataba de la mirada de Areta. Y en este sentido yo nunca tuve ninguna duda con Carlos Santos. Sabía que lo iba a hacer muy bien, sabía que su mirada sería la de Areta.

Cuando terminó el pase en el cine Capitol el día que invitamos a los hijos de Alfredo, se acercaron a él y le dijeron textualmente que en muchos momentos habían visto a su padre. Como te puedes imaginar tu colega murciano se puso a llorar como un chico de ocho años.”

P. No puede haber un premio mejor que ese.

R. “No creo que lo haya. Por otro lado Carlos está estupendo y pienso que merece el Goya. Está rodeado de muy buenas interpretaciones, todos están de diez y, joder, él es el que lleva la película sobre los hombros, él es el que reparte el juego. Hay veces que tiene que estar en un tono de humor como con el Moro, y otras en tono dramático y esto es muy complicado. Carlos Santos ha sido un acierto.”

“En esta película lo importante era la mirada y en este sentido yo nunca tuve ninguna duda con Carlos Santos.” Fotografía cedida por José Luis Garci.

P. El Crack cero nos hace mirar a la primera etapa de su filmografía. Hay concretamente una escena, la muerte de Franco, que también se cuenta en Asignatura pendiente.

R. “Está contada con la cámara al revés y está hecho a posta. La situación es la misma pero yo tengo la sensación de que en esta ocasión el impacto es mayor. Como le sucedió a millones de españoles aquella noche, alguien llama para anunciar que Franco ha muerto y que lo van a dar por la radio. [José Luis Garci clava los ojos en el horizonte y por un momento se convierte en Germán Areta] “¿Y ahora qué va a pasar? Igual nos volvemos a pegar o se produce un milagro y tiramos todos hacia adelante”. 

Lo que estamos viendo es que se produjo un milagro hace cuarenta años. Con los políticos de ahora no se podría haber hecho la Transición. No hubiera habido acuerdo, no sé lo que hubiera pasado.”

Lo que estamos viendo es que se produjo un milagro hace cuarenta años. Con los políticos de ahora no se podría haber hecho la Transición.

P. He conversado estos últimos días con mis amigos mayores sobre nuestro encuentro y asocian su nombre con la Transición. ¿Tiene la sensación de que la primera etapa de su cine contribuyó a ese milagro del que está hablando?

R. “Yo no lo hice con esa intención. Con Asignatura pendiente intentamos hacer una variante de Casablanca. Contar la historia de dos tipos que se vuelven a encontrar después de haber sido novios de jóvenes. Lo que sí recuerdo es decirle a Sinde que yo quería que los actores vistieran como si estuvieran en el NODO, que Fiorella fuese como iba una mujer cuando entraba a El corte inglés, y que Sacristán llevase el traje negro que llevaban los abogados de entonces. Quería que la película fuese como un documento de la época.

Luego rodamos Solos en la madrugada que era un homenaje a la radio. Y más tarde, Las verdes praderas que era ya otro tiempo donde la gente quería más. Un mundo nuevo con una segunda vivienda y con atascos en las carreteras que no se habían visto nunca antes.

Donde yo creo que está bien contada la Transición es en Patrimonio Nacional, La escopeta nacional y Nacional III. En esa trilogía se refleja muy bien cómo era aquella España aunque Berlanga nunca me lo dijo.”

En aquella España de Asignatura pendiente todo el mundo soñaba con ese cigarrillo de José Sacristán y con esa mirada de Fiorella Faltoyano. Fotografía cedida por José Luis Garci.

José Luis Garci escapa de puntillas de sus películas. Se muestra más entusiasmado hablando del cine de otros autores. Es en este momento cuando el director se transforma en un espectador apasionado.

“Yo soy un modelo del 44 y mentir es un delito. Yo no he hecho ninguna buena película, pero tampoco una película mala. No hay ningún trabajo mío donde estén mal los actores, o donde haya un mal guion, o donde la fotografía sea nefasta. Cuando digo una buena película hablo de Tristana de Buñuel, de Plácido de Berlanga, de El clavo de Rafael Gil, de Arrebato de Iván Zulueta o de El espíritu de la colmena de Erice.”

P. Usted tiene Canción de cuna y Tiovivo que para mí están en ese nivel.

R. “Muchas gracias. Me siento muy cerca de Canción de cuna. Me llegaron a decir que ahí rocé el melodrama McCarey. También fue la primera película española en ir al Festival de Sundance elegida personalmente por Robert Redford.”

P. En su libro Las siete maravillas del cine pone de manifiesto su admiración por la pintura, ¿considera que Canción de cuna es su película que más se acerca a ese mundo? 

R. “Sobre todo al mundo de Vermeer. Yo lo he perseguido por todo el mundo aunque no he visto toda su obra. La que me gustaría ver es la que tiene escondida la reina de Inglaterra. No se la enseña a nadie [tras una pausa se ríe]. 

En Canción de cuna intentamos sacar esa luz y esa especie de penumbra en los suelos que también está en Las hilanderas de Velázquez. Pero una cosa es lo que tú pretendes hacer y otra muy diferente es la que te termina saliendo. Aquí estuvimos ayudados por la historia que transcurre en el siglo XIX y por los hábitos de las monjas. 

Yo quería que las monjas fueran guapas para mostrar sus caras en ese traveling final de la película. Eso, de alguna manera, está inspirado en Avanti! de Billy Wilder. En esa película hay un momento en el que están en el depósito de cadáveres, un lugar tenebroso, y de repente se abre la ventana y todo adquiere una alegría extraordinaria. Cuando estábamos en el rodaje le dije a Rojas de hacer algo parecido y creo que lo conseguimos. Llenamos de luz el convento y sacamos a las monjas sonriendo.”

P. Si me tengo que quedar con un momento de su filmografía elijo el romance entre Alfredo Landa y Fiorella Faltoyano en Canción de cuna. Ese amor enrejado es de una belleza extraordinaria.

R. “Eso no estaba en la obra original pero yo quise hacerlo. Ahí influyeron mucho las miradas y los actores que estaban estupendos. A mí lo que me ha ayudado siempre han sido los ensayos. Si el rodaje de una película duraba cinco semanas ensayábamos cinco semanas. Con El abuelo estuvimos casi dos meses porque era una película de largo recorrido. En esto soy muy maniático. Me gusta trabajar en los colores de las voces, en los tempos. Y esto se nota en esta última película en la que están muy bien todos.”

La luz de Canción de cuna es un milagro del Barroco, hay secuencias en esta película que deberían exhibirse en el Museo del Prado. Fotografía cedida por José Luis Garci.

Empieza a caer la noche sobre Madrid y la voz de José Luis Garci se vuelve nostálgica. De repente los actores con los que ha ido trabajando a lo largo de su carrera se apoderan de sus recuerdos y comienzan a ocupar las sillas libres de esta habitación.

“…en esta mesa se sentaban Fernando Fernán Gómez, Cayetana, Fernando Guillén, Agustín González, todo el reparto de El abuelo venía aquí…

Alfredo fue adquiriendo un poso distinto, Alfredo fue tirando a Jean Gabin. A él no le importaba si lo sacaba de espaldas, no tenía ningún problema. Y Pepe Sacristán ha ido más en la línea de John Cassavetes, como más intelectual si cabe…

Bódalo era distinto a todos ellos. Podíamos estar rodando una escena que te ponía los pelos de punta y cuando yo decía “estupendo, cortamos”, él inmediatamente se salía del personaje y decía “bueno ¿y el bocadillo?, ¿qué pasa, que hoy no se come?”. No necesitaba meterse en nada. Era especial…”

En el momento en el que menciona a José Bódalo nos detenemos en Volver a empezar, una parada obligatoria en la historia del cine español.

“La película no tiene ningún éxito y no hay excusa posible. Se estrenó en marzo del 82 en el mejor cine posible, El Coliseum de la Gran Vía. Sin embargo, otra película de ese mismo año también de gente mayor, El estanque dorado, fue muy bien. Yo decía de broma que la gente quería más a los mayores americanos (Henry Fonda y Katharine Hepburn) que a los españoles (Antonio Ferrandis y Encarna Paso). 

La única posibilidad que nos dieron para salir de ese fracaso fue hacer El crack II. En mitad del rodaje nos enteramos de la nominación y viví dos meses entre Estados Unidos y España. Una semana me la pasaba en Los Ángeles con proyecciones y entrevistas para promocionar Volver a empezar y la siguiente regresaba a trabajar en el montaje de la nueva película. Fue duro pero yo daría cualquier cosa por hacerlo de nuevo.”

El disgusto más grande de mi vida cinematográfica fue cuando a Berlanga no le dieron el Oscar por “Plácido”. Me quedé helado.

P. ¿Cómo es eso de estar en la ceremonia de los Oscar, de escuchar Volver a empezar y de recorrer ese camino que se le había negado a Berlanga y a tantos otros nombres?

“El disgusto más grande de mi vida cinematográfica fue cuando a Berlanga no le dieron el Oscar por Plácido. Entonces nadie se preocupaba por eso. Yo trabajaba en un banco y llamé a la agencia EFE al día siguiente de la ceremonia. Nadie sabía nada. Tuve que explicarles aquello de “Foreign Language” y fue cuando me enteré que había ganado Como en un espejo de Ingmar Bergman. Me quedé helado.

Y luego lo gané yo. Pero no te creas que entonces era como ahora. Solamente lo dieron algunas radios como Antena Tres. Yo creo que Hollywood premió al chico aquel que desde niño sabía lo que eran los Oscar.”

P. Usted siempre habla de que la felicidad es ver a Gene Kelly Cantando bajo la lluvia pero yo creo que la felicidad también está en esa fotografía en la que sostiene el Oscar rodeado de los protagonistas de Volver a empezar.

R. “Eso estaba prohibido. Pero me salté todas las reglas e hice que subieran Encarna Paso y Antonio Ferrandis que ya no están entre nosotros. Fue una noche magnífica que no voy a olvidar nunca. Estuvo con nosotros Plácido Domingo que vino a la pequeña fiesta que dió Pilar Miró en las habitaciones del Beverly Hilton donde nos hospedábamos. Con respecto a la felicidad digo lo mismo que dice Areta: “lo único que sé es que hay buenos momentos”.

Esta es la imagen de la felicidad. José Luis Garci recibe el Oscar por Volver a empezar en 1983 acompañado de Encarna Paso y Antonio Ferrandis. Fotografía cedida por el director.

P. ¿Es cierto que con Sesión continua estuvo cerca de conseguir el segundo Oscar?

R. “Fue la vez que más cerca estuve y de haber contado con la presencia de Enrique Herreros lo hubiéramos conseguido porque la película gustó mucho. Yo tenía en esa época encontronazos con gente como Alfonso Guerra o Calviño y no se apoyó la película. Le faltó promoción, no nos dieron prácticamente nada. 

Con la que no había ninguna posibilidad fue con El abuelo porque teníamos enfrente a La vida es bella. Con Asignatura aprobada pudo haberlo ganado cualquiera. La favorita era Adiós, muchachos de Louis Malle pero ganó El festín de Babette de Gabriel Axes. Recuerdo que Louis Malle se levantó y dejó sola en la ceremonia a su mujer, Candice Bergen, que estaba sentada a mi lado.”

Aquel Hollywood solo está en nuestra cabeza, nunca ha existido. Para buscar las huellas de aquellos años dorados es preferible ver las reproducciones que a veces intenta hacer Scorsese.

P. ¿Ese Hollywood que se encuentra allí tiene que ver con ese mundo que imaginaba de niño?

R. “No tenía nada que ver. Solo quedaban unos cuantos lugares como el Formosa Cafe y el Teatro Chino. Aquel Hollywood solo está en nuestra cabeza, nunca ha existido. Para buscar las huellas de aquellos años dorados es preferible ver las reproducciones que a veces intenta hacer Scorsese. “

José Luis Garci habla de la Paramount con gran añoranza. “Era el estudio de los escritores y directores que llegó a dirigir Lubich“, me dice tratando de rescatar un tiempo que ya no existe. Yo sé que a él le hubiese gustado vivir aquella época de máquinas de escribir y de musas sumergiéndose en las piscinas millonarias de Hollywood porque él, ante todo, es un guionista de los de antes, una especie en peligro de extinción.

“Lo que he intentado siempre ha sido escribir con alguien. Empecé con Sinde hasta que él lo dejó, luego con Horacio durante 30 años y ahora he vuelto con Javier Muñoz. Es mejor no hacerlo solo. Esto lo he aprendido de Billy Wilder. Él tenía a Diamond y a Brackett. Pero no hay ninguna diferencia entre escribir un guion original o un guion adaptado

Con El abuelo estuvimos seis meses trabajando en el guion. Tanto es así que la mayoría de los diálogos no son de Galdós. “A mí Señor Conde me va a hablar de soledad que voy por el tercer perro enterrado”. “Señora, yo sé que el amor es una catástrofe porque la he vivido”. Todo eso no estaba en la obra original, lo escribimos nosotros. Para hacerlo nos tuvimos que meter mucho en el mundo de Galdós, pasamos mucho tiempo pensando cómo lo hubiera hecho él en el año 2000. Seguro que hubiera cambiado muchas cosas de la obra original para hacerla  más asequible.”

Hubo un tiempo en el que las noches de los lunes pertenecían al mundo de los sueños. José Luis Garci presentó y dirigió ¡Qué grande es el cine! en la 2 de Televisión Española desde 1995 hasta 2005. (Fuente Youtube)

Mi encuentro con José Luis Garci toca a su fin. La llamada telefónica de su siguiente compromiso me anuncia que mi tiempo se ha terminado. Sin duda no caben tantos años de admiración en una sola tarde. Pienso en una última pregunta y voy directo hacia aquello que me ha traído hasta aquí. No puedo marcharme sin que hablemos de ¡Qué grande es el cine!.

“Eso es lo que a mí más me ha gustado de todo lo que he hecho. He llegado a estar en Nueva York, en Central Park, y me han parado para hablarme del programa. Te puedes imaginar aquí en España. En cualquier ciudad me he encontrado con alguien que me ha dicho: “oye, gracias a tí he descubierto tal película o tal director”. Yo siempre digo que no fue solo gracias a mí, que éramos un grupo de gente que nos moríamos por las películas. Pienso que abrimos el camino hacia el cine clásico y que llegamos a mucha gente.”

Nos levantamos de la mesa, nos hacemos una fotografía que ya forma parte de mi eternidad y me acompaña a la salida. No he podido contarle que utilizo sus artículos escritos para el ABC durante el Mundial del 94 como guía de viajes por Estados Unidos, que mi escena preferida de la historia del cine es el regreso a casa de Fredric March en aquella película de William Wyler (solamente él puede entenderme) y que llevo toda la vida queriendo ser su amigo. Estamos en contacto, me dice al mismo tiempo que nos damos un abrazo. Yo pienso que nuestra despedida tiene mucho que ver con la última escena de Casablanca, que nos perdemos en ese aeropuerto sepultado por una bruma blanca y que nos fundimos en negro. El resto, los créditos de la Warner, tienen la forma de un taxi atravesando la noche madrileña y el aroma de un sueño al fin cumplido. 


Fotografía de portada: José Luis Garci en las oficinas de NICKEL ODEON (Madrid – Octubre 2019)