Así habló Tarquinio: La involución del latín

  • ¿Inofensiva lengua muerta o arma política arrojadiza?

Deslizaba la red del pajarillo de un modo hipnótico y fuera de todo consejo cuando llegué a parar a una señora o señoro siempre en orden alfabético que decía no sé qué estupidez sobre el latín algo así como que es una lengua inventada a partir de otras lenguas para ocultar el pasado catalán del español y del indoeuropeo no hablemos que con los calores invernales gracias Greta cuesta refrigerar las neuronas.

Omito en este primer párrafo los signos de puntuación con el objetivo de generar empatía con esa persona. Ya saben: si me pongo en la piel de una manzana verde sabré bien sabido qué se siente al no ser escogido por Cenicienta. Y los enanos rondando.

El latín es la vía, la causa, el motivo. Usemos lo único que no hemos sido capaz de destruir como arma arrojadiza.

Pues el latín lo inventó Albert Rivera. Andaba aburrido una tarde en casa viendo los toros en su televisor HD-smartiví junto a Rubénamón. Resulta que desenterraban además a Franco ese día y, dado el insomnio del 8N, pues desde el nueve se duerme mejor que uno quiere, se les ocurrió que la única manera de esquivar el nacionalcatalismo era mareando la Historia.

El Cid conquistó Valencia y Ramón Lull, espada en mano, frenó la tentativa de atentar contra Berenguer y contra algún Jaime. Andaba Torra y Puigdemont acompañados de Huan Porrah, que como los rusos con los republicanos, echaba una mano a los camaradas.

Quisieron Cicerón o Quintiliano, Julio César o Tito Livio, Plauto o Terencio, o el Renacimiento, heredarnos un idioma que bien usado es la antípoda del arma. El latín es la vía, la causa, el motivo. Usemos lo único que no hemos sido capaz de destruir como arma arrojadiza. Usémoslo y, más adelante, que nos lloren las consecuencias.


Fotografía de portada: inscripción latina encontrada en Pompeya. Portal Clásico.