Así habló Tarquinio: la bicefalia moral española

  • Está Rubén Herrera de Navidad, acompasando el vino con la ironía, como suele hacer por los desiertos catárticos desde donde escribe. Habla en esta ocasión sobre Galdós, imposturas y Alatristes.

Querido Pepe, 

Escribías hace unos días en La Opinión acerca de Benito Pérez, de Don Galdós. Nunca podría, en ámbitos literarios, refutar a alguien que ha leído hasta aquello que yo, un Don Ulises cuando Polifemo, todavía no he escrito. Imagina, pues, si me mencionas a Hugo, Dostoyevsky, Flaubert o al manco de Lepanto, como iguales al canario. ¿Soy yo quién para decir que no?

“Qué vicio, qué vicio” cantaban los que se estrellaron con un Panda. Y qué metáfora para definir a España con sus literatos. Y literatas, que se me enfadan las Glorias Fuertes y yo no tengo la autoridad argumental de Javier Marías para hacer tales afirmaciones. Qué vicio, pero qué vicio.

Yo, que a veces tengo moral cristiana para según qué cosas, sería la hipocresía convertida en lluvia de oro, dada mi acérrima pulcritud de la búsqueda de la beatificación de Joaquín Sabina. Por ejemplo. O mi usual aprecio por lo que el primer César con púrpura doble nos legó. O, yo qué sé, algo bueno habrá escrito el hermano mendigo del genio de la canción, de las pompas de jabón y del mundo sutil.

Y qué poco acierto tiene el Alatriste con tanta negatividad, nunca positivo, respecto al lenguaje inclusivo. ¿Te acuerdas, Pepe, de qué facha eres leyendo a ese? Y yo con la JotDown al lado pasando inadvertido cual camaleón.

Ya sabes que la Inquisición encendió miles de hogueras en nombre de Dios. Pues bien, la Estatua de la Libertad, en quien justifican algunos el argumentario censor, tiene antorcha. Y bicefalia, como Justin Trudeau según Trump.

Valeas,

R.