1939: Lo que el viento nos dejó

  • La gran mayoría de los críticos e historiadores cinematográficos coinciden en que 1939 es el año más grande de la historia de Hollywood. Julio Pérez-Muelas hace una breve reseña para comprender la transcendencia de esta fecha clave en el cine.

Siento cierta debilidad por los aniversarios de los acontecimientos más significativos. Es una manera inmejorable de mantener viva la historia y de sacar a la luz obras que de otra manera caerían en el olvido. No me refiero a esa moda tan detestable instalada en las redes sociales que anda celebrándolo todo. Si son habituales de Twitter me comprenderán. En ese rincón del planeta siempre es el cumpleaños de algún genio y de no darse el caso seguro que hace años de la muerte de un monstruo de la cultura. Yo les hablo de fechas redondas y de hechos lo suficientemente trascendentales como para resistir el paso del tiempo.

En este sentido, podemos decir que 2019 ha sido un curso generoso si tenemos en cuenta los 5 siglos de la primera vuelta al mundo, el bicentenario de la inauguración del Museo del Prado, los 50 años de la primera vez que el hombre pisó la Luna o los 30 de la caída del Muro de Berlín. Aunque, sin duda, ha sido el 80 aniversario de 1939, el que para muchos es el mejor año de Hollywood, la conmemoración que yo he seguido más de cerca.

1939 también fue el año en el que cambió la historia del western gracias a La diligencia (John Ford)

Sé que mencionar 1939 y no abordar al final de Guerra Civil española y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial puede herir ciertas sensibilidades, pero lo cierto es que mientras Europa se rompía en mil pedazos el otro lado del mundo vivía instalado en lo que más tarde se ha dado a conocer como la Edad de oro de Hollywood. Este fenómeno cinematográfico solamente se puede comprender si analizamos el sistema de estudios que concibió el cine como un negocio de masas. Las películas de aquella época eran el resultado final de una cadena de montaje perfecta, la versión cultural de la industria del automóvil de Detroit. Los grandes estudios (MGM, 20th Fox, Paramount, RKO, Warner Brothers, United Artist, Columbia, Universal) contaban con excelentes escritores (entre otros muchos por allí andaba William Faulkner, premio nobel de literatura), una generación de directores irrepetible (John Ford, Howard Hawks, Ernst Lubitsch, Billy Wilder, Fritz Lang, Mitchell Leisen, George Cukor, Victor Fleming, William Wyler, Leo McCarey, Frank Capra, Raoul Walsh, Michael Curtiz, King Vidor y a partir de 1940 Alfred Hitchcock) y unos actores que eran en realidad unos mitos del tamaño de los dioses olímpicos (Humphrey Bogart, Clark Gable, Greta Garbo, Ingrid Bergman, John Wayne, James Stewart, Cary Grant, Katharine Hepburn, Bette Davis, Charles Laughton, Henry Fonda, Tyrone Power, Barbara Stanwyck). Nada podía salir mal con unos títulos de créditos que incluyeran a varios de los nombres que acabo de citar y de otros muchos que me dejo en el tintero.

En un contexto como este, cualquier año podría haber sido elegido el más grande de la historia del cine, pero según la inmensa mayoría de los expertos en la materia es 1939 la edición que mayor número de obras maestras reúne. Y quizás sea cierto si atendemos a la cantidad de libros publicados, artículos de prensa, especiales de radio y ciclos que desde todos los rincones del planeta se han organizado para conmemorar su 80 aniversario. Seguramente uno de los homenajes más completos haya sido el del canal TCM en su versión americana. Gran parte de su programación del mes de julio ha girado alrededor de las producciones de aquella fecha mítica.

Tú y yo (Leo McCarey): el Atlántico, Nueva York y una de las grandes historias de amor de todos los tiempos.

Esto significa, en otras palabras, que las noches de mi verano han pertenecido al Hollywood de 1939. Ha sido un viaje al pasado cargado de descubrimientos y de reencuentros. De descubrimientos porque he visto paraísos cinematográficos para mí desconocidos: Esmeralda la Zíngara (William Dieterle), Tú y yo (la primera de las dos versiones de Leo McCarey), El joven Lincoln (John Ford), Sólo los ángeles tienen alas (Howard Hawks). Y de reencuentros porque he recuperado muchas de las conversaciones que mantuve con mi abuelo hace ya demasiados años. Este era su cine y estos eran los personajes de los que él siempre me hablaba: James Steward camino de Washington en Caballero sin espada (Frank Capra), John Wayne atravesando Monument Valley a cargo de La diligencia (John Ford), Greta Garbo rindiéndose a los placeres del París de Ninotchka (Ernst Lubitsch), Judy Garland cantando esa canción milagrosa a este lado del arcoíris en El mago de Oz (Victor Fleming), o aquella vida de pupitres y pizarras en las aulas de Adiós, Mr Chips (Sam Wood).

Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, George Cukor, Sam Wood) merecería un capítulo a parte. Si a 1939 se le considera el año más grande del cine es, en gran medida, gracias a ella. Un metraje que anda cerca de las cuatro horas, cientos de extras, decorados y vestidos que son en sí mismos una joya de la MGM, y un nutrido elenco de personajes que casi un siglo después aún forman parte de la cultura popular de nuestros días. Su estreno supuso toda una revolución para la industria y es el mejor ejemplo posible para ilustrar hasta dónde fue capaz de llegar Hollywood.

Para mí, más allá de ser una obra esencial dentro de la mitología de Estados Unidos, Lo que el viento se llevó siempre estará presente en los amaneceres de este país. Cada mañana de camino al trabajo contemplo ese mismo cielo en llamas de la película y creo ver la silueta de Vivien Leigh apretando los puños contra la tierra de Tara. Solamente por ese plano la película ya es inolvidable.

Greta Garbo rindiéndose a los placeres del París de Ninotchka (Ernst Lubitsch)

Después de esta breve reseña a parte de la filmografía de 1939 no cabe ninguna duda de que estamos ante un año extraordinario. Si es o no el mejor de la historia es una decisión difícil de tomar, como dije anteriormente casi cualquier año de los 40 y 50 es tan rotundo como el 39. En lo que no hay discusión posible es en el hecho de que hubo una época que empieza en la década de los 30 y que se extiende hasta mediados de los 60 donde el cine alcanzó sus niveles máximos de expresión y en la que se vivió el esplendor de Hollywood, un momento cultural comparable con el Siglo de Oro de las letras españolas para la literatura o el siglo XIX para la ópera y hacia el que miran, irremediablemente, todas las obras posteriores.


Imagen de portada: Cartel de Lo que el viento se llevó realizado en 1967 con motivo de su reestreno.