Así habló Tarquinio: Sic mihi Titus Livius mihi dixit (II)

  • Rubén Herrera sigue liado con Tito Livio, aunque de vez en cuando se le escapen por la ventana los tiempos presentes. Y es que Tito Livio da para mucho. 

Me dijiste, Tito, que tratarías de contar la Historia de Roma desde su fundación. Algún rey, e incluso algunas elecciones, han desembocado ya en el mar desde que tuvimos nuestra última conversación. Vienes hoy, aquí, a mi casa. A café huele el salón. Si quieres té, allá tú: últimamente lo británico no concilia demasiado bien por estos lares.

“Quae ante conditam (…) urbe poeticas magis decora fabulis (…) traduntur. Datur haec uenia antiquitati: (…) primordia urbium augstiora faciat”. Quiero decir, que lo que pasó antes de la fundación de Roma se basa en cuentos, fabulaciones poéticas, que los adornan. Se hace esto desde siempre: magnificar los orígenes de las ciudades.

No conozco, Tito, ningún otro país o imperio que quisiera magnificar o adornar su Historia. Me parece curioso que ocurriese eso en Roma. No veo yo a los ingleses celebrando Trafalgar. Tampoco creo que aquello que un tal Anónimo cantará sobre el Cid pudiera ser aliñado. Y qué me dices de Cataluña, Espanya ens roba, Jaime I y la Marca Hispánica con los Catalan Dragons de Perpignan anotando ensayos en el Camp Nou y los lazos amarillos que Ramón Llull llevaba en la solapa de la pluma.

La Historia, te decía, debe centrarse en cuál fue la vida y las costumbres de aquellos que la vivieron; qué hombres y qué mujeres, por hacer un texto inclusivo si alguien lo leyere en 2020, han llevado a cabo las grandes hazañas; y por qué; y qué políticos, e incluso militares o artistas, crearon y engrandecieron el Imperio.

Lo sé. Y sé que la Historia nos ayuda a aprender de lo errado. Nos permite saber que, en algunas circunstancias, mejor no te fíes de los ingleses; o que se puede luchar con el moro y contra el moro como si Luis Enrique fuera blanco y azulgrana; o que para robarte, deberías saber que antes alguien tendría que haberte ayudado a tener lo que tienes; que cuando compro el pan, mi pareja no me roba por probar bocado porque quizá el dinero me lo dio ella.

“Cuanto menos medios había, mejor era la ambición”. Añadirás, antes de empezar el Libro Primero, que “últimamente, las riquezas han desatado la avaricia”.