Sobre el blanco y negro y el color en el cine

  • Alejandro Barco analiza la combinación del blanco/negro y el color en las obras más representativas del cine, desde Kurosawa hasta Haneke

La fotografía es indispensable para la existencia del cine como arte. Se puede imaginar cine sin sonido pero no sin imagen, sin elementos visuales, cuya representación está ampliamente consolidada en color desde finales de la década de los sesenta, dejando progresivamente al margen la fotografía en blanco y negro que empezó siendo la materia prima de las primigenias proyecciones de finales del siglo XIX.

Sin embargo, la representación a la antigua usanza no es algo que se haya aparcado definitivamente en favor del avance y el atractivo del color, sino que ha estado plenamente presente en hitos modernos como Toro salvaje, El hombre elefante, Down by lawLa Haine en grandes debuts como el de Kevin Smith con Clerks o el de Nolan con Following, que probablemente sean así más por escasez de recursos que por estilo, en filmografías completas como la de Béla Tarr o en obras de bella factura que narran episodios de una época pasada de cineastas consolidados como Haneke (La cinta blanca), Cuarón (Roma) o Pawlikovski (IdayCold War). Aparte de esas y otras muchas películas que vienen usando el blanco y negro en plena época del color por motivos estilísticos o de contexto histórico, aparece otro grupo minoritario que alterna ambas formas en el metraje y de diversas maneras.

Acentuación de elementos dramáticos

Probablemente, el fotograma más conocido que alterne tanto color como blanco y negro sea el de la niña con abrigo rojo que observa Schindler durante el éxodo de los judíos de Cracovia, que sirve para acrecentar la dramatización en dos momentos puntuales de la película de Spielberg. No obstante, al primero al que se le atribuye insertar un detalle en color en una cinta en blanco y negro es a Akira Kurosawa, quien en 1963 en El infierno del odio introdujo el color rosa para un momento clave de la trama policiaca.

Fotograma de La lista de Schindler 

La unión de estos dos usos se puede observar en Europa, primera gran obra del danés Lars von Trier y una de las más injustamente olvidadas de su filmografía, siempre rodeada de polémica de ahí en adelante. Aquí usa magistralmente el color para elementos que preceden momentos dramáticos importantes, en primeras sensaciones del protagonista y en algunas escenas clave de esta historia ficticia situada en la Alemania derrotada que recién comenzaba su reconstrucción tras el fin de la Segunda Guerra Mundial (curiosamente, fue estrenada en 1991, cuando se estaba produciendo otra renovación en el continente).

En “La lista de Schindler” aparece el fotograma más famoso que alterna ambas formas, pero “El Infierno del odio” fue pionera en esta técnica.

En las películas de Kill Bill se puede ver tanto acentuación como una disminución de intensidad, pero apoyándose en los matices del blanco y negro en vez del uso del color en este caso; la acentúa presentando al personaje de Bill en la segunda y la disminuye filmando sin color la escena más sangrienta de la primera (podría parecer un homenaje a las películas antiguas de ninjas pero se dice también que fue para esquivar la posible censura y hasta porque Tarantino se quedó sin sangre falsa para las ingestas cantidades que debían aparecer en ella).

La representación de los espacios temporales y estados de ánimo

La piedra angular y pionera de esto es la película Un homme et une femme de 1966, que aunque fue premiada en los Oscar, en los Globos de Oro y en Cannes en su momento, es menos recordada que otras películas francesas de la época de la Nouvelle Vague. Sin pertenecer al movimiento, este melodrama aportó también un hecho fresco y novedoso a la cinematografía usando los colores, el blanco y negro y los tonos sepia para expresar el estado de ánimo de los protagonistas encarnados por dos grandes actores: Anouk Aimée (, La dolce vita, etc.) y Jean-Louis Trintignant (Z, Amour, Rojo, Mi noche con Maud, etc.).

Fotograma de Un homme et une femme
“Un homme et une femme” usó los colores, el blanco y negro y los tonos sepia para expresar el estado de ánimo de los protagonistas

Posteriormente, hay largometrajes que se valen de los distintos usos del color para diferenciar entre hechos del pasado, del presente y hasta del futuro. Lo más lógico es pensar en que el blanco y el negro muestren el pasado y el color se use para los hechos actuales, siendo el ejemplo más representativo American History X, que muestra la estancia en la cárcel y el pasado nazi del personaje de Edward Norton y los hechos posteriores de distinta forma. Aunque después llega Nolan, te hace un rompecabezas de los suyos y te cuenta el presente en blanco y negro y los sucesos del futuro en color, que se acabarán conectando en el presente en Memento sin tonalidades de gris de por medio.Pero echando la vista atrás, hasta 1971, está uno de los casos más crudos siguiendo esta línea en una de las que se postula a película más dura de la historia: Johnny cogió su fusil, de la que aparecen fragmentos en el mítico videoclip de One de Metallica (cuya letra a su vez es sobre el argumento en el que se basa la cinta). Aquí las partes sin colores vivos son el durísimo presente del protagonista, un soldado sin extremidades, sordo, ciego y mudo por la explosión de una mina en la Gran Guerra y que no se puede comunicar con sus enfermeros estando postrado en una camilla. Blanco de uniformes y sábanas y negro de la oscura habitación y su futuro ante esta situación extrema. El color por su parte se usa para representar los buenos recuerdos del pasado de la vida de este con familiares y amigos y los delirios producto de su conciencia (prácticamente lo único que le queda), que rozan el surrealismo, sobre su incierto destino.

Tarkovski, sueños y transiciones

Si hay alguien que haya usado este recurso más y mejor que nadie ese es Andrei Tarkovski. El genio soviético se valió del popurrí del blanco y negro con el color en cinco de las siete películas que hizo, además de usarlo de varias maneras distintas. 

En El Espejo y en Nostalgia, probablemente sus dos películas más personales y complejas, el blanco y el negro representan la parte más onírica de estos poemas en imágenes. En la primera, la más experimental de toda su filmografía, imágenes de archivo de conflictos bélicos y la evocación de los recuerdos más personales e imágenes surrealistas de la infancia y de su madre son mostradas en blanco y negro; en la segunda, son los sueños del protagonista en los que están presente su familia y su Rusia natal (paralelismo con la situación del autor, al ser la primera cinta que realizó en el exilio) los que son mostrados así. 

Solaris usará los recursos del color y los tonos sepia para mostrar los cambios de estado de ánimo como ya hizo Un homme et une femme seis años antes, además del blanco y negro para las imágenes de las instrucciones que recibe el piloto para su aventura espacial. 

En “Sacrificio”, los tonos se van apagando conforme aparece el desastre nuclear

En Stalker los cambios si están más diferenciados claramente, pues comenzará en blanco y negro para ir progresivamente adquiriendo color hasta entrar completamente en La Zona, paraje que buscan los protagonistas desde el principio y en el que se desarrollan los hechos principales de la película. Una transición de color, pero esta vez a la inversa, se observa también en Sacrificio, su última obra, en la que los tonos se van apagando conforme aparece el desastre nuclear (además se estrenó en 1986, tres años antes del fin de la Guerra Fría).

Fotograma de Sacrificio

Por último, dos casos ajenos al director ruso que guardan similitudes con los del párrafo anterior: de la dureza de unos pocos segundos de selva sin color en Platoon, la calma, escasa, que hay en la película y en una guerra en la que había enfrentamientos hasta dentro del mismo bando americano, a un caso más entrañable como el de El cielo sobre Berlín, clásico europeo moderno del alemán Wim Wenders, en el que el genial blanco y negro con el que observan los ángeles a los humanos con impotencia por no poder hacer nada por ellos se alterna con una viva fotografía en color cuando el punto de vista es el de las personas.

Son usos diferentes pero todos entre la lógica y la originalidad, que vienen usándose desde los años 60 y alcanzaron su pico en la filmografía del legendario Tarkovski. Una manera distinta y fascinante de mostrar los sentimientos, el tiempo y de canalizar emociones infrautilizada pero con grandes resultados.