Elsa Morante y sus traducciones al español (I)

  • Elsa Morante es sin duda una de las voces imprescindibles del siglo XX italiano. Pero a diferencia de otros autores, su obra no ha gozado de demasiado reconocimiento entre el público español. Francisco Javier García Melenchón indaga en las traducciones que se han hecho de sus novelas a nuestro idioma

Ya demostró Margarita Alcalá Reygosa, que Elsa Morante consiguió pasar los filtros de la censura y ser traducida al castellano cuando eran pocos los autores de su generación acogidos por las editoriales españolas. Tras la muerte de Franco, el balance negativo fue corrigiéndose de forma sostenida aunque aún muy alejada de lo que después sería el “efecto Eco”

Elsa Morante, excepción hecha de su primera novela, cuenta con traducciones relativamente cercanas en el tiempo a los originales italianos. Una propuesta de traducción de L’isola di Arturo había partido de la pintora colombiana Emma Reyes. En una postal en la que se reproduce una vista aérea de la ciudad con la plaza de toros Monumental, enviada en septiembre de 1957, Reyes se interesaba por episodios de la vida de la escritora, y le propone encontrar un traductor de la novela que había sido publicada precisamente se mismo año: hizo circular el texto entre los pocos competentes por entonces en lengua italiana en la capital catalana y se ofreció a mediar para una traducción. De hecho, es precisamente en Barcelona, aunque algunos años más tarde, donde aparecerá la primera traducción de Morante en España: se trata de la edición en catalán de Joan Oliver elogiada por Terenci Moix en Crónicas italianas (E. Morante, La meva illa: Memòries d’un noi, Barcelona, Proa, 1965). Para la edición en castellano hay que esperar a 1969 cuando la tradujo Eugenio Guasta (E. Morante, La isla de Arturo, Barcelona, Bruguera, 1969). El vivo ambiente cultural barcelonés y la presencia de la mayoría de editoriales, hacían de esta ciudad un lugar privilegiado para las novedades editoriales provenientes de Italia. 

La siguiente novela traducida, La Storia, llegó en 1976, a tan solo dos años de distancia de la edición italiana (Algo en la historia, Esplugues de Llobregat, Plaza & Janés, 1976). Esta versión de Juan Moreno fue desautorizada en vida por la autora por haber sido sometida a la censura, un tema sobre el que volveremos más adelante. En 1991 Esther Benítez ofreció una nueva versión que enmendó los yerros de esta y respetó el título (La Historia, Madrid, Alianza editorial, 1991). Siete años antes, en 1984, había sido el turno de Aracoeli, traducida por Ángel Sánchez-Gijón con solo dos años de diferencia respecto a la edición italiana (Araceli, Barcelona, Bruguera, 1984, y Buenos Aires, Emecé, 1984).

La narrativa breve tuvo que esperar más. En 1989 se tradujeron los cuentos para niños (Las extraordinarias aventuras de Caterina, Madrid, Alfaguara, 1989). Con esta traducción de Salustiano Masó, el público hispanohablante pudo conocer la primera etapa de la escritora, pero hubo que esperar aún diecisiete años para que fuera accesible en castellano la colección de cuentos de 1963 (El chal andaluz, Madrid, Cátedra, 2006, traducción de Flavia Cartoni). 

la traducción de “La Storia” de Juan Moreno cercenaba y alteraba partes importantes del texto, incluido el título que, convertido en “Algo en la historia”, empequeñecía el significado de la obra.

El caso más extraño lo constituye la inexplicable tardanza en traducirse la primera novela de la autora, Menzonga e sortilegio, inaccesible en español hasta 2012 (Mentira y sortilegio, Barcelona, Lumen, 2012, traducción de Ana Cuirans Ferrandis). Un hecho tanto más extraño cuanto que se trata de la obra por la que la escritora fue, y sigue siendo, más apreciada, precisamente aquella que Lukacs consideró como la mejor novela del siglo XX. Por lo demás, el tardío pago de la deuda ha de achacarse a una circunstancia externa, la celebración en 2012 del centenario del nacimiento de la escritora (el volumen fue presentado en la Feria del libro de ese mismo año, coincidiendo con un congreso celebrado en Madrid). 

En cuanto a la calidad de las versiones, obligado es detenernos en el duro juicio emitido por la propia autora sobre de la primera traducción al español de La Storia (1976), cuando esta aún no había salido al mercado. Se trata del “Intervento sulla traduzione in lingua spagnola di La Storia”, leído en el congreso sobre La cultura spagnola fra ieri e domani, un simposio celebrado en Roma aquel mismo año y al que asistieron numerosos intelectuales españoles. Morante declaró solemnemente haber roto relaciones con la editorial barcelonesa por haber incumplido las condiciones acordadas, que obligaban a respetar íntegramente el texto original. En su opinión, la traducción de Juan Moreno cercenaba y alteraba partes importantes del texto, incluido el título que, convertido en Algo en la historia, empequeñecía el significado de la obra: 

 “Considero que es mi deber aprovechar esta oportunidad para dar noticia a los amigos y compañeros españoles aquí presentes de la disputa que ha llevado en estos días a romper definitivamente cualquier acuerdo con los editores de Plaza & Janés de Barcelona, en relación a su publicación en lengua española de mi última novela La Storia. Después de haber firmado un claro e irrenunciable compromiso que me garantizaba una traducción absolutamente fiel e integral de la novela, estos editores han imprimido y difundido una edición en la que no sólo el título original La Historia ha sido sustituido por otro que reduce y devalúa su significado, sino que el mismo texto ha sido arbitrariamente alterado y amputado en distintos lugares, en especial los que podía, a juicio de los mismos editores, molestar el actual régimen político español y la ideología que todavía lo domina. En espera de un examen más detallado, ya en un primer y sumario análisis limitado a las páginas iniciales, yo misma he podido constatar que casi cada página del texto ha sufrido tales intervenciones censuradoras”. [La traducción es mía].

La storia, en edición italiana publicada por Enaudi
Algo en la historia, la traducción de Moreno para Plaza&Janes

La respuesta de la editorial fue que se habían omitido los fragmentos que podían haber dificultado la superación de la censura. Conviene recordar que el régimen se hallaba ya en claro declive tras la muerte de Franco (20 de noviembre de 1975), y que dos días después Juan Carlos I había sido proclamado rey. El monarca confirmó como presidente a Arias Navarro que dimitió, a petición del rey, el 1 de julio de 1976, siendo sustituido por Adolfo Suárez. Por tanto, en el momento de publicarse la traducción, España se hallaba en un momento delicado. Ello llevó a la editorial a dilatar las negociaciones con Morante para retrasar la salida del libro. La novela obtuvo, pese a todo, un satisfactorio éxito de ventas (9.000 ejemplares sobre una tirada de 10.000). 

La crítica de Morante se extendió también al paratexto editorial donde, a sus ojos, la novela era presentada como un “rozzo” best-seller en una clara operación puramente comercial: un sistema que chocaba con su concepto de literatura popular. Efectivamente, el cambio del título se corresponde con la ilustración de portada: un dibujo firmado por Álvaro en el que se destaca sobre fondo rojo, la figura de una Ida embarazada que recuerda, bajo forma de sombras a sus espaldas, el momento del estupro. Al fondo, el Castel Sant’Angelo y el Lungo Tevere por el que circula un tanque. Morante había elegido, como hemos visto, un detalle de una fotografía de Capa en la que se veía un cadáver sobre los escombros de un edificio derruido por las bombas. Es evidente que el paratexto de la edición española pretendía sugerir un relato de tipo sentimental, poniendo el acento en el carácter folletinesco y melodramático de la acción: mujer violada y abandonada en el contexto de la guerra. 

Ciertamente, la emotiva reacción de la escritora denotaba su interés por que su voz llegase sin deformaciones ni filtros al público español. Es muy significativo –lo señala Gloria Guidotti– que Morante, indiferente a las críticas suscitadas por su novela en Italia, reaccionara con tanto apasionamiento ante las alteraciones de la edición española.  

De hecho, las mutilaciones del texto sobre las que hizo más hincapié fueron las referentes a la guerra civil, tema por ella elegido como un acto de denuncia contra todos los regímenes fascistas.  Bastará un rápido cotejo entre el original y la traducción para dar la razón a la escritora, que citó precisamente este párrafo:

Texto originalTraducción de Moreno
Guerra civile in Spagna, provocata dal cattolico-fascista Franco (detto il Generalissimo e il Caudillo), per conto dei soliti poteri sotto la minaccia dello “spettro”. Dopo tre anni de devastazioni e di massacri (fra l’altro, si instauora in Europa la distruzione dall’alto di intere città abitate) prevarranno i fascisti (falangisti) grazie al solido aiuto del Duce e del Führer e alla connivenza di tutte le Potenze del mondo.Guerra civil en España que dura tres años y que acaba con la victoria de Franco

De hecho, el título español parece reducir la historia a un episodio: “algo”, es decir, la historia de Useppe e Ida, que sucede en el magma imparable de la historia. Así se entiende si se lee el texto que aparece en la contraportada de la edición:

La Historia…, con mayúsculas. Y en la Historia, “algo”, un algo que es una inmensidad en los inescrutables caminos del destino. En el entorno de la Historia, una humilde familia, mezcla de arios y judíos, se agita víctima de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Un joven soldado alemán, de paso por Roma con destino a África – a cuya tierra no llegará-, violenta a una mujer viuda, la cual concibe un hijo, marcado ya, desde las entrañas maternas, con el signo de la fatalidad. “Algo en la historia” es una de las novelas más brillantes, humanas y realistas de la literatura mundial de los últimos años. Desarrollada en Roma, quiere hablar a todos, y lo hace en un lenguaje común y accesible a todos.

Queda claro que el “algo” está referido a la historia de los Mancuso, frente a la intención original, que era presentar la historia con mayúsculas como instrumento de la injusticia. Otra de las razones que quizá llevaron a la modificación del título pudo haber sido mucho más inocua de lo que Morante imaginaba: el deseo de evitar confusiones con el género historiográfico acotando el limitado territorio de la ficción.

Otras mutilaciones del texto señaladas por Morante se limitan a las cuatro primeras páginas. A estas Guidotti ha añadido un elenco más largo y variado, que va de la censura de fragmentos enteros, a la desaparición de referencias consideradas ofensivas para la Iglesia Católica, o de carácter explícitamente sexual. Valdrá la pena citar algunos casos de flagrante manipulación política, entre ellos, la ausencia de “Dieci milioni di morti” en la “cronohistoria” del primer capítulo “…19**”, párrafo dedicado a 1918:

Texto originalTraducción de Moreno
1918
La Prima Guerra Mondiale si conclude con la vittoria dell’Intesa e dei suoi presenti alleati (27 nazioni vincitrici, fra cui l’Impero Giapponese). Dieci milioni di morti.
1918
Acaba la Primera Guerra Mundial con la victoria de la Entente y de sus aliados actuales (27 naciones vencedoras, entre ellas, el Imperio japonés).

Y, dentro del mismo capítulo, en el párrafo dedicado a 1927-1929,  la sustitución de fascismo por nuevo régimen.: “A Roma, patti lateranensi del papato col fascismo” → “En Roma se firman los pactos lateranenses del Papado con el nuevo régimen”, cambio este último, encaminado a disimular la cercanía de la institución eclesiástica al fascismo, al igual que en la diatriba de Davide Segre contra el sistema de poder a través de la ideología política y religiosa: “Il sistema non cambia mai… se ciamàva religión, diritto divino, gloria, onore, spirito, avvenire… tuti pseudonimi… tute maschere”, donde Moreno suprime sin más toda alusión religiosa (“El sistema no cambia nunca… se llamaba gloria, honor, espíritu, porvenir… todos seudónimos…todas máscaras…”).

Mucho más respetuosa con el original fue la traducción de Esther Benítez, como demuestra el siguiente cotejo:

“1918
La Primera Guerra Mundial concluye con el triunfo de la Entente y de sus actuales aliados (veintisiete naciones vencedoras, entre ellas el Imperio Japonés). Diez millones de muertos.

1927-1929
En China, se inicia la guerrilla de los revolucionarios comunistas, guiados por Mao Tse-Tung, contra el poder central nacionalista.
En Rusia, derrota de la oposición. Trotsky es expulsado del Partido, y después de la Unión Soviética.
En Roma, Pactos de Letrán del papado con el fascismo.

1934-1936
[…]
Guerra civil en España, provocada por el católico-fascista Franco (llamado el Generalísimo y el Caudillo) por cuenta de los poderes de costumbre ante la amenaza del “fantasma”. Después de tres años de devastaciones y matanzas (entre otras cosas, se instaura en Europa la destrucción desde los aires de enteras ciudades habitadas) prevalecerán los fascistas (falangistas) gracias a la firme ayuda del Duche y del Führer y la connivencia de todas las potencias del mundo”.

Cierto es que, en el pasaje antes citado de Davide Segre, la traductora no logra reproducir el uso del dialecto, y cifra todo su esfuerzo en el sentido: “El sistema no cambia nunca… se llamaba religión, derecho divino, gloria honor, espíritu, porvenir… todos seudónimos… todas máscaras”. 


Fotografía de portada: MARISA RASTELLINI (GETTY)
El presente artículo está basado en un trabajo académico De Francisco Javier García Melenchón. Para cualquier referencia bibliográfica pueden contactar con Pílades.