Así habló Tarquinio: Canción de gaviotas y rosas

  • Especula Rubén Herrera con una “boda roja” a la española, entre lecturas, confinamiento y política varia. Tarquinio siempre retuerce la realidad hasta los límites menos previsibles. 

Cuando volví a la república qatarí, allí donde anulan las encuestas que Verdasco hace en alguna red social, pausé mi lectura del quinto tiesto de Canción de hielo y fuego. No sé a qué espera Martin para publicar la sexta. Y la séptima. Venga, hombre, que hasta al Real Madrid le costó menos conseguir las respectivas orejonas. Eso sí, el blanco tenía al serbio vistiendo el 8.

Cuando volví a la república española retomé mi lectura de Danza de Dragones, esperando que el enano hiciera de las suyas. Es interesante el argumento de esta saga. Mi honor me obliga a alertar al lectorando que ha resistido a las habladurías del vulgo y todavía ni ha visto la serie ni ha leído los libros, pero tiene esa amarga intención: pare aquí su lectura y deje de leer la prensa diaria, así como apague el televisor cuando el telediario; o mejor: ponga Los Simpsons. A lo que iba:

Uno, que hay un rey al que matan tras una cruenta moción de censura conyugal y cogen las cuatro o cinco casas más importantes del país y se ponen a pelearse entre ellas como si no hubiera un mañana y yo la tengo más grande que tú y me quita el sueño no poder matarte cada día en la batalla venidera que viene y que se va como se vienen y se van los ciudadanos que van quedando pocos y a este ritmo nos conquistan del todo los de los ojos azules.

Dos, que al final vamos a llevarnos bien y repartámonos el reino los ministerios y la mano del rey que la tarta es grande y hay para los dos. Para ti esta parte, Augusto y para ti esta, Antonio; tú, Lépido, esa. Corre, aprovéchala que buena es. Pero callado y no pidas más que te demos más soldados de los que tienes, tío, que todo el día igual.

Y tres, que nos va bien al final y peor podría ser. Pero que vienen los caminantes y yo mejor te traiciono como se traicionan a los traidores, poquito a poco, con cariño. Y que escriván lo que escriván, que yo ya escribiré lo que quiera, que para eso mi renta me lo permite. Y a la mesa a comer, que hola qué tal, que nos llevamos bien. Y quien diga lo contrario tendrá su Boda Roja